Coixet adapta en Tres adioses los relatos de Michela Murgia con una brillante Alba Rohrwacher.
★★★★
Marta (Alba Rohrwacher) y Antonio (Elio Germano) son una pareja a la que conocemos sorteando un atasco en moto por Roma. Empiezan una discusión simple, probablemente repetida muchas otras tardes, pero esa noche, esa discusión acaba en ruptura. Antonio deja a Marta, y esta, profesora de gimnasia en un instituto, se queda devastada, perdida… Escribiendo malas críticas anónimas sobre el restaurante que regenta Antonio, chef, con mucho orgullo y pasión.
En esa pérdida, pensando que la ruptura estaba afectando a su salud, Marta recibe un diagnóstico médico terrible. Pero al escucharlo, sin embargo, algo en ella despierta para abrir los ojos y abrirse al mundo, para empezar a fijarse en los demás (en su hermana, en su compañero de instituto –Francesco Carril–, en sus alumnas y hasta en una pobre paloma apaleada)…
Es inevitable pensar en Mi vida sin mí viendo Tres adioses. La propia Coixet lo hizo al leer el libro de relatos de Michela Murgia, se acordó de una de sus películas más celebradas, pero también encontró aquí otra manera de acercarse a una premisa tan sensible: cómo afrontar el final de la vida. Es otro punto de partida, su protagonista no tiene cargas familiares, sin hijos, sin pareja, su hermana es la persona más cercana y sabe que la deja bien cuidada, querida. Y lo afronta desde otro lugar físico, Roma, que la coloca en primer término y como telón de fondo, una Roma conocida y desconocida a la vez (“de muros y ventanas, de vírgenes y plazas secretas”) que pide ser respetada y querida y cuidada, como Marta. Desde ahí, introduciendo el debate del turismo y de cómo nos relacionamos con los placeres hoy, el comer, el viajar, reivindica el alma de las pequeñas cosas frente a la extrema banalización a la que estamos llegando. Si lo hacemos con un restaurante… cómo no lo haremos con la vida.
En esta reivindicación de vivir la vida con luz, los actores son esenciales. Tanto Elio Germano como Francesco Carril, pero sobre todo Alba Rohrwacher, un auténtico milagro, una actriz superlativa, radiante, llena de empatía, compasión y sinceridad, que hace Tres adioses aún más humana y emotiva.
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