Crítica de ‘Un mundo frágil y maravilloso’: Amar es resistir

Crítica de ‘Un mundo frágil y maravilloso’: Amar es resistir

Un mundo frágil y maravilloso

El debutante Cyril Aris filma el amor, la maternidad y la esperanza como formas de resistencia frente al colapso libanés.

★★★

La mayor virtud de Un mundo frágil y maravilloso, debut en la ficción del cineasta libanés Cyril Aris, es su inapelable honestidad emocional. La película, un melodrama romántico atravesado por la violencia política y la persistencia obstinada de la esperanza en un Líbano marcado por la devastación, renuncia a todo cinismo para aproximarse a sus personajes desde una sensibilidad genuina, muy atenta a las contradicciones afectivas que atraviesan a una generación que se ha visto obligada a crecer haciendo frente a la amenaza constante del derrumbe. Un mundo frágil y maravilloso sigue la relación intermitente, a lo largo de varias décadas, de Nino y Yasmina (Hassan Akil y Mounia Akl), dos jóvenes cuyas vidas parecen condenadas a cruzarse una y otra vez. Interesado por la dialéctica entre el azar y el destino, Aris construye un relato que, sin abandonar nunca cierta dimensión alegórica, convierte el vínculo entre ambos personajes en reflejo emocional de un país suspendido entre el deseo de futuro y la imposibilidad de imaginarlo. Especialmente interesante resulta, además, la manera en que la maternidad aparece aquí concebida como un gesto de resistencia política y existencial: traer un hijo al mundo se convierte, en mitad del caos, en una forma radical de continuar creyendo en el futuro. Quizá lo más cuestionable sean las formas convencionales del relato: más allá de la fuerza de algunas imágenes aisladas —el poderoso plano secuencia inicial, que narra el nacimiento simultáneo de Yasmina y Nino en un hospital libanés que está siendo bombardeado—, la puesta en escena adolece de un cierto academicismo visual muy propio del drama social contemporáneo.

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