Crítica de ‘Un talento único’: Exquisito thriller jazzístico

Crítica de ‘Un talento único’: Exquisito thriller jazzístico

Un talento único

Un talento único convierte el cine de robos en vehículo para un drama íntimo sobre la fragilidad.

★★★½

Con Un talento único debuta en la ficción el documentalista canadiense Daniel Roher. La película, un thriller criminal profundamente humano, narra la historia del joven Niki, un talentoso afinador de pianos que sufre de hiperacusia, una rara condición que le hace percibir los sonidos a un volumen exageradamente alto. Cuando, por un accidente, el joven descubre que posee una inesperada aptitud para abrir cajas fuertes, no tardará en terminar involucrado en el peligroso mundo del crimen. La película –cuya trama (que no sus formas) podría definirse como un híbrido entre el Drive (2011) de Winding-Refn y la película de Jacques Audiard De latir, mi corazón se ha parado (2005)– es, ante todo, un exquisito y muy delicado retrato de su protagonista, un tipo frágil, complejo, atravesado por múltiples deseos y dudas morales. Unos diálogos brillantes y un excepcional montaje rítmico de compases jazzísticos (piénsese en la obra maestra Whiplash) dan forma a una película de enorme precisión formal que, si bien inscrita en la tradición del cine de robos, acaba revelándose como un drama íntimo sobre la necesidad de afecto de un joven con el alma rota.

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