Biznaga de Oro en el último Festival de Málaga, la ópera prima de Marta Matute, es una de las revelaciones del año. Y, en especial, su actriz protagonista: Júlia Mascort.
★★★½
En Yo no moriré de amor, la guionista y directora Marta Matute ha partido de su propia experiencia personal, de la enfermedad de su madre y de cómo la vivieron en casa, de cómo ella, siendo la más joven entonces, lo pasó. El punto de vista de la hija pequeña es por eso el que elige en su ópera prima, un personaje que soporta todo el peso dramático de la película desde la naturalidad, el dolor, la contención, la vergüenza… Hay muchas emociones juntas y a punto de estallar en esta adolescente obligada a madurar antes de tiempo, teniendo que cuidar a su madre enferma de Alzheimer y casi también hacerse cargo de un padre (Tomás del Estal, mejor actor en Málaga) al que le cuesta afrontar esa nueva realidad casera. La hermana mayor también está ahí, pero menos, porque ya se fue de casa, incluso a otra ciudad, tiene un bebé… Claudia (una revelación absoluta la actriz Júlia Mascort, premiada en Málaga) avanza lentamente en su vida, el tiempo se ha detenido en esa situación que viven, las cartelas lo muestran “Unos cuatro años…”, “cinco años y pico…”. Podrían haber pasado solo unos meses, quizá semanas, pero ya son años… En un deterioro constante, que avanza, que retrocede, que cambia… Matute transmite sin caer en el melodrama la imparable enfermedad y todo lo que se lleva en quienes están alrededor, esos cuidadores que acompañan, que están, que sufren hasta que parecen ya no sentir nada. Es especialmente interesante y bonita la relación entre las hermanas (Laura Weissmahr es la mayor), su falta de entendimiento y a pesar de todo de quererse y seguir tirando, porque no queda otra, seguir acompañando en ese inerte tiempo detenido.
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