Crítica ‘Mario’: Un vodevil moderno sobre las falsas apariencias

Crítica ‘Mario’: Un vodevil moderno sobre las falsas apariencias

'Mario' de Guillem Miró se estrena el 10 de octubre. Intriga, humor ácido y crítica social en una película que desafía las apariencias.

★★½

Antònia, de 38 años, organiza una fiesta sorpresa para Mario, su pareja perfecta a ojos de todos. Sin embargo, él nunca celebra su cumpleaños y jamás le ha presentado a sus amigos. Entre risas y brindis, pequeños detalles empiezan a desvelar contradicciones en sus historias. ¿Quién es, en realidad, Mario? Guillem Miró debuta en solitario en la dirección de largometrajes -en 2017 codirigió junto a Thor Echevarría la dramedia en clave de road movie En acabar– con una comedia de enredos sobre la codicia y las falsas apariencias que probablemente habría funcionado mejor sobre las tablas que ante la cámara. Y es que, si bien su guion encadena los suficientes giros y situaciones disparatadas para despertar la sonrisa del espectador, su pretendida mala leche se ve perjudicada por una puesta en escena de aroma televisivo, en exceso funcional. Con todo, los intérpretes se mueven con plausible gracia por un único escenario -el salón de la casa, en el que se desarrolla casi la totalidad del metraje- ante la cámara de Miró, quien defiende con convicción su concepción teatral del espacio (en línea con la sitcom clásica) yendo todavía más allá y puntuando la acción con música guiñolesca. Un ligero y entretenido vodevil moderno.

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