★★½
1901. Gabriele Münter conoce a Wassily Kandinsky mientras busca hacerse un lugar en el mundo del arte. El contexto: la escuela privada de arte Falans en Múnich, en la que él ejerce como profesor. El fuerte vínculo desarrollado entre ambos se fundamentará en dos grandes pilares: pasión y complicidad creativa. Sin embargo, mientras él llegaría a alcanzar la fama y el prestigo, ella permanecería por siempre en su sombra, prácticamente relegada a la invisibilidad (el año pasado, el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza de Madrid presentó la primera retrospectiva de la artista fuera del ámbito lingüístico alemán). En el objetivo de reivindicar una figura injustamente olvidada reside, sin duda, el principal aliciente de Münter y el amor de Kandinsky, una película con mejores intenciones que resultados. Dirigida por el realizador de televisión alemán Markus Rosenmüller, el film explora, más allá de la relación entre ambos artistas, la vida de Münter, artista clave del expresionismo alemán cuyo trabajo, por su condición de mujer, fue ignorado durante décadas. Si bien se echa en falta, a nivel de guion, una mayor profundización en los dilemas y conflictos internos de Münter, la película es, en la mayoría de sus apartados, correcta. Destaca por encima del conjunto, además del trabajo actoral de Vanessa Loibl, la intérprete protagonista, el colorido y vibrante entramado formal, en el que cobran especial peso los paisajes rurales, arbolados y boscosos, en línea con los motivos visuales presentes en la obra de la pintora. Una pena que, en lugar de optar por un cierto grado de expresividad y riesgo, la película abrace la convencionalidad narrativa, decidida a permanecer en todo momento en el cómodo territorio de la tibieza.
© REPRODUCCIÓN RESERVADA
