Más cercana al espíritu Amblin que a las formas hipertrofiadas del blockbuster contemporáneo, The Mandalorian and Grogu devuelve a Star Wars el placer de la aventura clásica.
★★★½
En esta nueva entrega del universo Star Wars casi todo son virtudes. La principal de todas ellas (o, al menos, la que más ha encandilado a este crítico) es su sólida apuesta por el minimalismo narrativo. Alejada de la grandilocuencia habitual en este tipo de epopeyas galácticas, The Mandalorian and Grogu huye de subtramas laberínticas, repartos interminables y fan service compulsivo para, confiando en que “menos es siempre más”, erigirse como una estupenda película clásica de aventuras con un argumento sencillo y de trazo muy limpio. El guion, que funciona sin necesidad de haber visto la serie precedente, limita inteligentemente el punto de vista del relato al de sus dos protagonistas: Din Djarin, cazarrecompensas interpretado por Pedro Pascal, y Grogu, la tierna criatura que lo acompaña. Sorprenden, además de sus electrizantes secuencias de acción, la elegancia y sobriedad de la propuesta: su director, Jon Favreau, hoy por hoy tan lejos de las maneras caóticas y ruidosas de las que hizo gala en las dos primeras entregas de Iron Man —con las que inauguró, en 2008 y 2010, el Marvel Cinematic Universe—, compone aquí una puesta en escena contenida y precisa, envuelta en una (deliciosamente analógica) atmósfera Amblin que se ve reforzada por una firme voluntad de conceder espacio a la pausa y al silencio, dos cualidades poco frecuentes en el blockbuster contemporáneo. La fantástica banda sonora del sueco Ludwig Göransson (compositor habitual de Christopher Nolan y Ryan Coogler) pone la guinda a esta especie de western crepuscular que, en su tramo final, acaba desnudando la falacia del individualismo en pro de una épica de lo común. The Mandalorian and Grogu adolece, en opinión del que escribe, de una única debilidad: el acabado excesivamente digital de algunas criaturas, algo discordante en una propuesta cuyo principal encanto reside en su espíritu artesanal.
© REPRODUCCIÓN RESERVADA
