Crítica ‘Together’: Amar es renunciar

Crítica ‘Together’: Amar es renunciar

Crítica de 'Together', la primera película del cineasta Michael Shanks, que se estrena hoy, 31 de octubre, en los cines españoles.
★★★
¿Cuánto hay, en el amor, de renuncia, de autoanulación, de pérdida de la propia identidad? Michael Shanks debuta en el largo con Together, una sardónica reflexión sobre la toxicidad y la codependencia emocional en el ámbito de la pareja que busca despojar de todo romanticismo al tan manido concepto de la media naranja. Clara deudora del body horror de Cronenberg y Carpenter —resuenan aquí, especialmente, Inseparables del primero y La cosa del segundo—, la película de Shanks, que entronca también con el tan de moda «terror elevado», funciona como un algo tosco estudio sobre el poder destructivo del amor, literalizando la idea de cómo el vínculo de una pareja puede acabar desdibujando la individualidad y devorando a sus propios protagonistas. En Together, el deseo de unidad de Tim y Millie, una pareja de treintañeros con problemas en su relación, termina convertido en una forma de aniquilación: pronto, lo que arranca como un retrato íntimo de pareja deviene en una pesadilla corporal y emocional donde la unión implica desintegración. Pese al interesante punto de partida de la película, existe una cierta pereza en su desarrollo conceptual: una vez sembrada la brillante idea central, el relato avanza a trompicones debatiéndose entre la trampa y el arbitrio, y, pese a contar con un puñado de escenas muy divertidas en su gusto por la hipérbole y por el grotesco más delirante, acaba quedando la impresión de que, en realidad, estamos ante otras esas películas “listillas”, mucho menos inteligentes de lo que aspiran a ser.

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