★★½
Las probabilidades de que una adaptación a la gran pantalla de Minecraft, el videojuego más vendido de la historia, resultase un estrepitoso fracaso en forma y fondo eran muy altas. Que la película logre superar (aunque no con creces) el desafío tiene que ver, principalmente, con una razón: su desaforada celebración del frikismo como forma de vida. En este sentido, no podría ser más acertada la decisión de situar en la silla del director a Jared Hess, en su día jovencísima promesa del cine indie que en 2004, con apenas 25 años, se presentó ante el mundo con la hoy por hoy película de culto Napoleón Dynamite. Aquella hiperestilizada fiesta de la diferencia (y de la extravagancia, y del absurdo, y de la ridiculez incluso) continuaría ejerciendo como hilo conductor de una filmografía llena de altibajos, pero casi siempre personal (quedan para el recuerdo las apoteósicas Super Nacho o Gentlemen Broncos, protagonizadas por nerds tan estrafalarios como finalmente adorables). En Una película de Minecraft, la autoría de Hess se percibe especialmente durante la primera mitad del metraje: en las secuencias que tienen lugar en el mundo real es donde residen las principales virtudes de un film por lo demás condenado al uso y abuso de las pantallas verdes (su diseño de producción y su trabajo de cámara brillan especialmente durante las primeras secuencias de la película, que destilan encanto en la presentación de sus protagonistas). Sin embargo, una vez que el relato entra en materia, el timón se tuerce: abandonados los escenarios reales, la película empieza a funcionar por acumulación, olvida en cierto modo a los interesantes personajes que había esbozado en un inicio y se precipita hacia un torrente de imágenes digitales que termina por resultar agotador. El muy amplio y complejo lore de un videojuego de “mundo abierto” como Minecraft era también difícil de trasladar a la pantalla, de manera que los no iniciados en el juego lograsen conectar con la historia (y, sobre todo, enterarse de algo). En este sentido, la película consigue a medias su cometido: si bien su uso de la voz en off y su estructura narrativa funcionan correctamente, en ningún momento deja de percibirse como ciertamente atropellada. Con todo, los fans del juego y los espectadores más pequeños probablemente disfruten de la vistosidad de la propuesta.
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