★★★
Felisa (Elena Furiase), una mujer de espíritu libre atrapada en un entorno rural asfixiante, alterna intentos fallidos de empezar de nuevo en Madrid con regresos forzados al pueblo y a la dependencia económica de su madre. Acuciada por las deudas, aceptará un matrimonio de conveniencia con Sebastián (Daniel Chamorro) para repartirse el dinero de la boda y divorciarse después. El toledano Pedro Cenjor debuta en el largo con un drama sobrio y conciso que sitúa en su centro la tiranía del “qué dirán” en el marco de una pequeña comunidad de la España interior. De escritura refinada y elíptica, el guion, que Cenjor firma junto a Corina Salerno, dosifica con inteligencia la información sobre el pasado y presente de unos personajes que, ya en el plano de la puesta en escena, son mirados por el director desde la justa distancia: hay en el dispositivo de Cenjor —de gran claridad técnica— altas dosis de ternura y respeto por sus criaturas, dos personajes que, por motivos diferentes, parecen estar condenados a sostener el peso del escrutinio colectivo. Su bello final, sus fantásticas interpretaciones y la capacidad del cineasta para, sorteando la narración atropellada, las moralinas fáciles y cualquier atisbo de condescendencia, detenerse en las miradas y los silencios, convierten esta pequeña película en un estimable drama humano sobre el coraje que implica vivir más allá de las expectativas ajenas. Pongámosle un único “pero”: la tendencia al subrayado emocional desde la banda sonora, un recurso sin el que, quizá, el relato habría respirado todavía mejor.
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