El islandés Hlynur Pálmason (Godland) coloca la cámara y rueda las estaciones, los animales que vienen y van, a sus hijos… El amor que permanece es el resultado de su contemplativa forma de estar en el mundo.
Se formó en Dinamarca, pero en cuanto pudo Hlynur Pálmason regresó a su Islandia natal. Allí vive con sus tres hijos, perro y mujer, apartados del mundo, en mitad de una naturaleza viva, libre y cambiante. Todo eso que se cuela en su cámara porque así lo quiere. Su forma de estar en el mundo y entender el cine van cada vez más de la mano para este director reconocido tras la brillante Godland (2022), donde, aunque con un contexto histórico más pesado, dejaba claro su vínculo con la naturaleza. Su último largometraje, estrenado el año pasado en Cannes, El amor que permanece, la historia de una familia con tres hijos y padres separados y cómo intentan que cada día no se olvide, nació incluso antes de Godland, de las imágenes de esa cámara que va dejando por ahí, grabando la vida pasar. “Las imágenes del principio son de 2017. No es que haya estado todos estos años pensando en esta película, pero sí he ido coleccionando imágenes que iban conectando con lo que yo pensaba que era el corazón de la película”, explica.
¿Entonces ya tenía claro que quería contar la historia de una familia o eso vino después, a partir de las imágenes? ¿Cuál fue exactamente el proceso?
Lo sé, es un poco complicado [se ríe]. Creo que empecé a escribir El amor que permanece después de rodar un cortometraje con mis hijos llamado Nest. Aquello fue un proceso de dos años, durante la pandemia. Estaba explorando, intentando encontrar un encuadre y mantenerme fiel a él. Trabajar con ese encuadre sin cambiarlo, sin mover la cámara ni nada. Mis tres hijos estaban construyendo una casa en un árbol y yo escribía los diálogos. Intentaba capturar el clima, el cambio de estaciones, los animales que iban y venían, etc. Era una especie de observador, pero también manipulaba, construía y daba forma. Mientras hacía eso, empecé a pensar qué estarían haciendo los padres, porque solo se ve a los tres niños. Así que empecé a escribir, pero me llevó bastante tiempo, lo acabé justo cuando empezamos a rodar con los actores, Saga Garðarsdóttir [que hace de la madre] y Sverrir Gudnason [el padre]. Y los niños del filme son mis hijos.

Acabas de mencionar el cambio de estaciones, que juega un papel importante en tus películas. ¿Por qué te interesa tanto?
Creo que una vida sin estaciones no valdría la pena. Hay algo especial en este ciclo de vida y muerte, en el frío y el calor. No se puede disfrutar del sol si no hace frío. Y creo que eso también se aplica al cine. Si se muestra la belleza, hay que mostrar el contraste. Hay que mostrar la oscuridad para poder disfrutar de la luz. También me gusta mucho filmar estas cosas mientras escribo. Porque si eres cineasta y filmas todos los días o todas las semanas, te recuerdas constantemente que eres cineasta. Si escribes y solo filmas cada seis años, es como si tus manos ni siquiera supieran cómo tocar una cámara. Me gusta ese proceso de estimular mi imaginación.
Cómo ruedas los paisajes es también ya parte de tu firma como cineasta… Esa conexión con la naturaleza tiene que ver con donde vives.
Realmente necesito estar arraigado en mi entorno. Tengo que cuidarme del ruido del mundo, poder filtrar, cuidar mi tiempo. Porque el tiempo es oro. Y trato de filtrar y seleccionar lo que es importante para mí. Y la verdad es que suena un poco a cliché decir que estoy conectado con la naturaleza, pero es mi entorno. En Islandia, a menudo he oído decir que cuando la gente contempla la inmensidad del paisaje, se siente diminuta y muy incómoda. A mí me encantan las ciudades y me encanta pasear por ellas, pero al poco me siento ahogado en ellas.

¿Y de dónde sale el sentido del humor de tu filme?
El humor es probablemente mi cosa favorita. Es esencial para el ser humano. Como ahora mismo. Se necesita mucho humor para poder afrontar lo que está ocurriendo en el mundo y seguir viviendo. Y en esta película realmente intenté no reprimirme. Por ejemplo, si había un chiste, y tal vez era un poco… exagerado, no intenté ocultarlo ni eliminarlo. Si alguien decía algo que no se debía decir, lo permitía. Daba igual si la gente se ofendía. Pero de verdad intenté ser honesto en esta película, porque realmente sentí que era necesario. Como captar la energía de los niños y esa especie de locura. Quería que eso formara parte de la experiencia de la película. Ayuda que conozca tanto a los actores, a mis hijos y a los demás, a los que veo con mucha frecuencia en mi vida.