Hace solo unas semanas confesaba en otra entrevista: “Si en una primera lectura de guion lo veo todo claro, hay algo que me chirría”. Y eso es lo que le ha llevado a decir que sí a su disparatado personaje en esta comedia dirigida por Maria Ripoll (Ahora o nunca): “Me hacía muchísima gracia imaginarme a mí mismo intentando resolver esas situaciones surrealistas, porque yo decía: ‘No voy a ser capaz de defender cosas que le pasan al personaje’”. Así que se lanzó a la piscina para conocer e interpretar a Fernando, un hombre con una moral altamente cuestionable que acaba metido en una situación tan inverosímil como merecida. “Es un cabrón, no hay ningún tipo de duda”, sentencia Rey entre risas.

El guion le llegó durante el rodaje de 8, la última película de Julio Medem, muy alejada del tono de lo que le estaban proponiendo. “Rodando un absoluto drama llegó esto y no podía parar de reírme”, recuerda. “Baso mis decisiones profesionales en alejarme de lo anterior. Muchas veces llega un guion estupendo, pero siento que ya lo he hecho hace poco. Las carreras de los actores a los que admiro son muy diversas”.
Precisamente en 8 conoció a Loreto Mauleón (La buena letra, Patria), con quien compartía reparto, y vuelve a hacerlo en El fantasma de mi mujer, donde interpreta a su esposa fallecida, o eso cree él. Lo que Javier Rey tiene claro es que no se cansaría de repetir experiencia con ella: “Es capaz de hacer 8, esta peli o ese personaje increíble que ha hecho en La buena letra. Tiene la actuación en vena, con un nivel altísimo, cambia de un drama absolutamente realista y muy doloroso a una comedia. Ojalá me toque muchísimas más veces con ella, porque soy su fan”, nos cuenta.
En medio de un panorama donde el género de la comedia parece estar plagado de remakes, tuvo la suerte de toparse con la directora Maria Ripoll, también guionista de esta historia original en la que Fernando (Javier Rey) vive un matrimonio aparentemente tranquilo con María (Loreto Mauleón), mientras tiene un affaire con Julia (María Hervás). Una noche, su amante le llama para decirle que ha atropellado a su mujer y ambos ocultan el cadáver. Cuando parece que nada puede complicarse más, Fernando recibe una llamada: es María y está más viva y enfadada que nunca.
SIGUIENTE PARADA: DIRECCIÓN
Javier Rey ha llegado al privilegiado punto de su carrera en el que puede permitirse rechazar algunos proyectos bajo su propio criterio. Y lo ha hecho sin artificios ajenos a la interpretación y partiendo de una premisa firme que hasta ahora respeta: una hermética vida privada de la que prácticamente no hay rastro en internet. “Es un lugar en el que me siento muy cómodo. No siento que haya perdido nada y nadie de mi entorno tiene la culpa de que yo sea actor. He levantado un muro muy alto en ese sentido y me proporciona mucha felicidad”, afirma.

Además, asegura que a él también le funciona como espectador: a menos información del actor, más credibilidad de la historia. Este juego de sombras le ha traído más de un encuentro curioso con el público. “Por cómo me tratan o lo que me dicen, yo sé qué es lo que han visto de mi trabajo”, asegura. “El Javi Rey, como persona, nadie sabe cómo es, y me parece guay que la energía y la idea que se tenga de mí sea en base a los personajes que hago”.
En los próximos meses sabremos cuál es la siguiente versión de Javier Rey que veremos. Aunque nos adelanta que tiene “un año de trabajo precioso por delante”, prefiere no dar muchos detalles por el momento. Lo que sí sabemos es que tiene un objetivo claro al que le está buscando un sitio: ponerse detrás de la cámara. “Cada vez me afianzo más en la idea de querer dirigir”, confirma. “No para convertirme en director, pero sí siento la necesidad de generar alguna historia desde mi propio lugar. Cuando llegue ese momento tendré que parar de rodar y esa decisión todavía no la he tomado. Va a ocurrir, no sé cuándo, pero va a ocurrir”.