Esta coproducción entre México y España nace, en palabras de Ibáñez Castañeda, “de la idea de descubrir qué mantiene a una persona atada a un lugar. Las temáticas del filme son la migración, la explotación laboral, la violencia estructural y el impacto del crimen organizado en comunidades aparentemente idílicas”. El Basilio ficticio cuida una playa semidesierta en la que se practica la pesca ilegal de totoaba (un pez en peligro de extinción parecido a la corvina, cuya vejiga llaman la cocaína acuática), algo que la férrea moralidad del vigilante le hará entrar en conflicto con toda una comunidad. Más aún cuando su jefe deja de responderle el teléfono.

Afirma la cineasta: “La relación de la ficción y el documental tiene que ver con lo moral y los claroscuros que existen. Cuando conocí a Basilio, su patrón no le pagaba, pero él insistía en quedarse en esa playa”. Es ese insólito empeño en aferrarse a un lugar el que alimenta la trama de El guardián: “Quería hablar del desarraigo, de la gente que no encuentra su sitio y no puede vivir donde quiere. Intentar entender, ponernos en los zapatos de alguien con su propia perspectiva de lo que es correcto y lo que no, moldeada por sus propias vivencias”.
Carismático sin saberlo ni pretenderlo, Basilio Moncada recuerda a otro actor natural que, hace dos décadas, dejó huella en el cine latinoamericano: Juan Villegas, el protagonista de Bombón, el perro (Carlos Sorin, 2004). Presentada en el Festival de Málaga, El guardián pasó anteriormente por otro certamen del prestigio de Morelia, donde se llevó los reconocimientos a la mejor ópera prima y una mención especial para Basilio; el jurado también se enamoró de él.