La llegada inesperada de dos nuevos bebés y los desafíos que supondrá su crianza ponen patas arriba la vida de los protagonistas de La familia Benetón +2. Hablamos con El Langui, uno de sus protagonistas, sobre esta comedia para todos los públicos, la discapacidad en el cine y su primer documental como director.
La familia Benetón +2, de nuevo dirigida por Joaquín Mazón, arranca con un Toni Benetón (Leo Harlem) en su peak. Ha conseguido encarrilar a su familia numerosa y multicultural y disfruta de ser “el mejor padre del mundo”, como le dibujan sus niños y niñas en una pancarta, cuando de repente se ve con dos bebés más a su cargo. Entre pañales y biberones, no estará solo: le volverá a acompañar en la aventura, que esta vez los llevará hasta África, su inseparable escudero Lolo, interpretado por Juan Manuel Montilla, El Langui (El truco del manco, Torrente 4).
¿Qué tiene La familia Benetón para animarte con la segunda parte?
Es una comedia familiar que a través del humor trabaja en valores. Me gusta cómo se trabaja la diferencia de muchachos, también el cómo siendo chicos que no son de la misma sangre pueden llegar a conectar con una persona que se queda al cuidado de ellos; cómo un niño o una niña puede transformar para bien a una persona adulta que está llena de negatividad. En el caso de mi personaje, cómo se trabaja la discapacidad, que se introduce bien, sin tener que nombrarla ni poner el foco en ella. Ni se habla de por qué tiene esa discapacidad ni de la dificultad en su día a día y le estás viendo hacer cualquiera de las cosas que hace cualquiera de los personajes de la película. Se normaliza totalmente.
En un contexto donde parece que solo recibimos mensajes que nos enfrentan, esta película reivindica el poder de la unión. Ante ese mensaje de desunión, esta película nos da otro completamente diferente. Siendo los personajes de nacionalidades diferentes, nos muestra cómo se unen todos con un mismo cometido, que es formar familia.

Lolo sigue igual de bondadoso que en la primera película y no se le acaba la paciencia con su amigo. ¿Cómo va a vivir este nuevo desafío?
Vamos a encontrar a un Lolo bondadoso con su amigo, con quien la amistad está por encima de todo; pero también a un Lolo agobiado. De tener contacto con los chicos, pero siempre con distancia, ahora vive con ellos y tiene que estar cambiando pañales, preparando biberones… Lo que conlleva estar al cargo de dos bebés y lidiar con los otros niños que ya están algunos en la preadolescencia. Y con un compañero de fatigas al que todavía le sigue apareciendo ese tosco de personalidad que, poco a poco, va cambiando.
Tratáis con humor los retos de la crianza y, al mismo tiempo, ponéis el foco en lo importante que es tejer red para afrontar algo tan complicado. Se ve muy bien cuando aparece la Capitana Carmen [Anabel Alonso].
Muchas veces, el problema que tenemos en general, ya no en el caso de la policía (en este caso, es la profesión de Carmen), es que nos cuesta mucho tender redes porque la burocracia, mi estatus, mi cargo… No empatizamos y decimos “bueno, vamos a ver qué gravedad hay en el asunto o qué puede pasar si yo ayudo a esta persona”.
Y frente a ella tenéis a esos dos vecinos terribles que van a peor respecto a la primera película.
Son un reflejo de nuestra sociedad en la cual el populismo está a la orden del día, la negatividad, el joder al prójimo, el no tender puentes, el dar la espalda a lo diferente, el pensar que el de enfrente tiene menos privilegios que yo por la condición que tenga.

Volviendo al tema de la discapacidad, tú ya llevas años haciendo cine y televisión. Personajes como el de Lolo, donde no se pone el foco en la discapacidad, ¿son cada vez más frecuentes o es complicado encontrarlos?
De una forma o de otra, está bien que haya personajes con discapacidad y cada vez los hay más, pero me gustaría que cada vez hubiera más personajes con discapacidad en el mundo del cine y que no se tuviera que ahondar en su discapacidad, sino que como en La familia Benetón se normalice. Cuando lleguemos a eso, habremos hecho un gran trabajo de inclusión total.
Estrenas en Málaga tu primer documental como director, Ganas de vivir, ¿qué nos puedes contar de él?
Narra la historia de superación personal de Desirée Vila, deportista paralímpica a la que le amputaron una pierna con 16 años por una negligencia médica. La historia pone en valor la empatía, la tolerancia y la capacidad de sobreponerse a una adversidad. Mucho más que la biografía de una deportista, es un canto a la vida, al reinventarse, al perdón. Se toca mucho el perdón, que creo que es algo fundamental y en esta sociedad nos cuesta tanto perdonar que no nos deja avanzar. También pone en valor el aceptarse a uno mismo, a un cuerpo, al destino que te toca vivir y todo esto también ofrece una mirada diferente hacia la discapacidad.