El argentino Iván Fund (Piedra noche) estrena El mensaje, una road movie protagonizada por una familia encontrada y una niña médium de animales, galardonada con el Premio del Jurado en la Berlinale.
En sus propias palabras, al grano y sin preguntas: así nos explica el director su última película y charlamos sobre trabajar en familia, volver a casa y la magia nostálgica del blanco y negro.
Familias fílmicas
“Anika Bootz es mi hijastra. Vivo con ella desde que tenía dos años y ahora tiene 10, por eso decimos que estuvimos ocho años en preproducción. Ella me veía escribir la historia y me decía: ‘Yo quiero ser esa niña. ¿Por qué no puedo ser yo la niña que habla con los animales?’. Ella actúa, hace teatro y quería participar, pero en aquel momento era muy pequeña. Después, cuesta tanto conseguir la plata para hacer cine, más ahora, que al final terminó jugando en su favor y, cuando llegó el momento de encarar la producción, Anika daba con el perfil y la edad de la niña protagonista —que incluso lleva su nombre en el filme—. Además, la que hace de su madre es su madre en la realidad, Betania Cappato, y también conocía a Marcelo [Subiotto] y Mara [Bestelli], con los que yo había trabajado en Piedra noche y nos hicimos más que amigos, familia. Los tres habían construido un vínculo hermoso. Me gusta trabajar así: que no haya tanta distancia entre delante y detrás de la cámara. Si uno genera ese ambiente en el rodaje, en cualquier momento puede girar la cámara para cualquier lado y ese momento se puede convertir en una escena”.
Familias encontradas
“Quería seguir explorando la infancia y también la dinámica del vínculo madre-hija y de cómo, generación a generación, cada uno tiene unas herramientas distintas para aliviar lo que le toca; hay unos más afortunados que otros. Al principio no sabemos la relación de Anika con Myriam [Bestelli] y Roger [Subiotto], hasta que descubrimos que viajan para reencontrar a la niña con su madre ingresada”.

En la carretera
“Siempre me dan ganas de hacer una road movie porque me parece una estructura dramática muy simple. Uno inmediatamente ve a alguien en un auto y quiere saber de dónde viene, a dónde va y por dónde pasa, ¿no? Me ahorra mucho trabajo y me hace gracia. Mi vida también es bastante itinerante: iba un poco en Santa Fe, un poco en Buenos Aires, mucho en el auto”.
Regresar
“Yo llamo a El mensaje ‘mi última primera película’ porque también era volver a donde todo empezó, donde uno se siente realmente en su casa. Rodamos en Entre Ríos, donde, en pocos kilómetros, hay mucha variedad de paisajes. Y la película va de eso, de esa infancia mía, de esos paisajes en los que me crié y responde a un cierto imaginario del cine. Por eso también acabamos rodando en blanco y negro. Con el director de fotografía, Gustavo Schiaffino, queríamos esa textura del cine directo, más documental, con esa urgencia y esa plasticidad”.