Pierre Schoeller demanda una reacción ante las causas del calentamiento global en su nueva película, El síndrome Rembrandt, protagonizada por Camille Cottin y Romain Duris.
«Observo una negación de la necesidad de actuar sobre las causas del cambio climático”, se lamenta el director y guionista Pierre Schoeller, que de nuevo se compromete desde el cine con un tema urgente de la actualidad. Tras Versalles, El ejercicio del poder y Un pueblo y su rey, el cineasta pone ahora el foco en la energía nuclear y en el mundo que dejaremos a las siguientes generaciones.
El síndrome Rembrandt, con un guion escrito junto a Anne-Louise Trividic, presenta a una pareja, Claire e Yves, ingenieros de la industria nuclear francesa, casados felizmente durante más de 20 años y con una hija que comienza su andadura en el mundo como adulta. Tras una visita a la National Gallery de Londres, en la que Claire siente una conexión especial con tres cuadros de Rembrandt, todo en su vida cambia: se cuestiona la seguridad de los reactores en los que trabaja, la asalta el presentimiento de un desastre global y decide actuar.
Camille Cottin (Cuestión de sangre, La casa Gucci) y Romain Duris (De latir mi corazón se ha parado) son los protagonistas de este thriller que mezcla la realidad con elementos fantásticos y en el que el cineasta se reserva una escena clave, en la que, aprovechando imágenes reales, se explica cuáles serán las consecuencias para el planeta si el mundo insiste en la deriva de inacción y negacionista ante el cambio climático.

Un hombre mayor como San Pablo, el retrato de Hendrickje Stoffels, amante y ama de llaves de Rembrandt, y otro de un anciano sentado son las pinturas que provocan el despertar de Claire. “Los Rembrandt me devolvieron a lo básico”, confiesa el director, que en una visita a la sala 22 de la National Gallery, en febrero de 2019, vivió, en sus propias palabras, un “momento muy íntimo”.
“El arte o el poder de las imágenes puede cambiar vidas. Incluso hoy, seis años después de aquella visita al museo, no puedo explicarme lo que me pasó; hay una parte de misterio en todo ello que quería que estuviera muy presente en esta historia”, explica.
El síndrome Rembrandt, en la que también participan intérpretes como Céleste Brunnquell (en el papel de la hija), Joel Ödmann (el compañero y cómplice de Claire) o Denis y Bruno Podalydès (ingenieros nucleares y amigos de la pareja), es una historia rabiosamente actual que habla al mundo de hoy y demanda una reacción ante el cambio climático, la renovación de las plantas nucleares, las guerras y la desaparición de los glaciares.

Todo ello se mezcla con la dinámica emocional de esa pareja, distorsionada por la reacción que tiene ella y que él no entiende. Además, el personaje de la hija simboliza a esa nueva generación que deberá enfrentarse a una vida en el planeta diferente a la que hemos construido en los últimos siglos.
Para ellos, para eliminar las amenazas que ya asaltan su futuro, el cineasta propone actos que él llama de “la gran rebelión”, que implican, como en el caso de Claire, poner en duda las certezas con las que hemos vivido siempre y resistirse a la desidia social. “No puede poner en palabras lo que quiere y lo que siente. Al mismo tiempo, la experiencia que ha tenido delante de las pinturas de Rembrandt le hace sentir la vida con una intensidad que la supera y la sorprende”, dice Pierre Schoeller, que insiste en el elemento misterioso que aportan las pinturas de Rembrandt. “Esta historia tiene un aspecto fantástico, en la tradición de El retrato de Dorian Gray, o de Edgar Allan Poe o de Henry James. Una mezcla de realismo y fantasía. Claire ha hecho un pacto, pero no es un pacto malvado, es un pacto de lucidez y de clarividencia”.