Emmanuel Courcol: “La idea de ‘Por todo lo alto’ era ligar dos mundos sociales muy diferentes a través de la música”

Por todo lo alto

La música, las relaciones entre hermanos y el determinismo social son los protagonistas de la nueva película de Emmanuel Courcol, Por todo lo alto una mezcla de drama, comedia y cine social que nació después de conocer a un grupo de majorettes.

Las ‘Cht’is lutins’, un conjunto de majorettes, y la banda musical a la que acompañaban fueron la inspiración para Por todo lo alto. El director, guionista y actor Emmanuel Courcol (El triunfo, Alto el fuego) había viajado al norte de Francia para conocer a este grupo, que le reveló la importancia que tenía la música en esta localidad industrial como vínculo social y emocional.

Entonces pensó en lo que habría pasado si el director de aquella formación hubiera nacido en un entorno más privilegiado. Así surgió el personaje de Thibaut, interpretado por el actor Benjamin Lavernhe (La Crónica Francesa, El brindis), uno de esos nombres de la Comédie-Française que se rifan en el cine galo. En esta ficción es un director de orquesta de prestigio internacional que, tras saber que necesita un trasplante, descubre que fue adoptado y conoce a su hermano menor, Jimmy, que toca el trombón en la banda de su pueblo. Este personaje queda en manos de Pierre Lottin (Cuando cae el otoño, Gracias a Dios), intérprete de moda en la cartelera francesa.

Los dos hermanos tienen un enorme talento musical, pero, por supuesto, el que ha prosperado es el que ha crecido en un entorno rico, mientras que Jimmy forma parte de una comunidad de mineros, que, además, prepara una huelga. “La idea era ligar dos mundos sociales muy diferentes a través de la música, la música llamada popular entre comillas, la de las bandas, con la música de élite, la música clásica. Y a partir de ahí, cómo unir a dos hermanos que no se conocen y de pronto se encuentran”, explica el director.

Autor del guion junto a Irèné Muscari, con quien ya escribió El triunfo, mejor comedia de los Premios Europeos del Cine y que profundizaba en los efectos del teatro entre un grupo de presos, Emmanuel Courcol insiste aquí en la idea del arte como herramienta de crecimiento, de unión y sanación. “La música, el arte, pueden igualar a las personas, pero hay que tener en cuenta que para cierto tipo de música hace falta una educación previa, no es algo que venga de golpe”, cuenta.

“Lo curioso es que la música justamente es la que une, pero también la que separa a estos hermanos”, añade el director, que encuentra en el Bolero de Ravel la pieza perfecta para que una banda sin estudios académicos pueda interpretarla y, al mismo tiempo, emocionar y seducir a un director de orquesta consagrado.

Sarah Suco, Nathalie Desrumaux, Stéphanie Cliquennois y Ludmila Mikael completan el reparto de esta película, una combinación de drama, comedia y cine social en la que se lanza la pregunta de si los artistas tienen cierta obligación de participar con sus creaciones en la vida política.

“Esa obligación es algo que nos acompaña como ciudadanos de este mundo, es una cosa que debemos hacer todos como personas normales o intentar hacer”, dice la coguionista Irèné Muscari, quien entró en el cine a través de la película El triunfo. Emmanuel Courcol la conoció en la cárcel donde ella impartía un taller de teatro y allí comenzaron a trabajar juntos en el guion.

“Yo trabajo con presos en la cosa cultural, o sea, cada día intento que personas que creen que sólo tienen una vida de delincuentes encuentren una forma de salir de ahí a través del arte, intento ofrecerles todo lo posible, que vean todas las posibilidades que tienen gracias a la actuación”, dice, y el propio Courcol remata: “En la película es también lo que hemos intentado hacer, mostrar que esto es posible, que lo importante es abrir esa ventana a través de la que se vean todas las posibilidades que ofrece la música”.

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