Jacob Santana director de ‘Reversión’: “Siempre defino la película como terror psicológico escondido en un thriller”

Jacob Santana director de ‘Reversión’: “Siempre defino la película como terror psicológico escondido en un thriller”

Si uno mete una película de terror psicológico dentro de un thriller el resultado es 'Reversión', la primera película de Jacob Santana.

Si uno mete una película de terror psicológico dentro de un thriller el resultado es una historia que mantiene al espectador en tensión a la espera del próximo giro o de la siguiente persecución. El resultado es también Reversión, la primera película como director de Jacob Santana, con Manu Vega y Jaime Lorente como protagonistas.

Por María Sanz

David (Manu Vega) es el hermano mayor perfecto. De esos hermanos que quieres, y mucho, pero hacia los que, al mismo tiempo, no te costaría sentir algo de rabia cada vez que asoman por la puerta con un nuevo logro. Mario (Jaime Lorente), en cambio, anda algo más perdido. Casi literalmente. Como si sintiera que algo no encaja en su vida. Sus padres, interpretados por Belén Rueda y Fernando Cayo, son los típicos padres que uno esperaría encontrar en lo que se presupone de una familia idílica: que si tienes que descansar más porque estás estudiando mucho, que si no te preocupes por el dinero, que si no te olvides de tomar la medicación, que si terminamos la mudanza a tiempo pedimos unas pizzas… 

Porque esta familia acaba de mudarse a una casa, también de película. Y parece que todo marcha con normalidad, salvo por detalles como los ruidos que proceden de esa habitación situada al fondo del pasillo a la que tienen prohibido el acceso… El nerviosismo empieza a crecer. Hasta que un día, Mario asiste sin poder hacer nada al secuestro de David. A la angustia de esperar su regreso se suma la de la sospecha de que quien regresa tras días retenido no es realmente el hermano al que se llevaron. 

Es entonces cuando se pone en marcha un juego de realidades posibles, en el que Mario llega a cuestionarse hasta su propia cordura, y del que no daremos más pistas a riesgo de caer en un spoiler. Porque Reversión va cargada de twists y “es muy difícil contarla sin destriparla. Va girando y girando. Se va torciendo constantemente”, reconoce su director, Jacob Santana. Aun así, lo intenta: “Siempre la defino como una película de terror psicológico escondida en un thriller. Lo que he querido es que parezca que, al principio, estás metido en una película de terror en la que no sabes qué está pasando, qué viene; y, de repente, se va convirtiendo y se va acelerando internamente. Empiezas a correr y vas con la lengua fuera”. 

Una apuesta por un ritmo y una intensidad cambiantes y trepidantes para estrenarse como director de largometraje. Dice que no tenía clara cuál era su voz, pero que el thriller le ha cautivado.

Belén Rueda Manu Vega Reversion

Justicia divina

Su ópera prima en el cine le llega a Santana después de muchos años trabajando como ayudante de dirección. “A diferencia de otros directores, he hecho un camino más de abajo arriba, no he empezado a dirigir al acabar la carrera. Siempre he querido aprender el oficio y, antes de meterme a dirigir, conocer las entrañas del cine”, explica. En este preparar películas y ver cómo otros directores trabajaban fue haciendo callo. También dirigiendo series como Las pelotaris. Así que, con este bagaje y trabajando en AF Pictures, cuando llega el guion de Reversión, que firma Frank Ariza, le ofrecen dirigirlo. 

Pero, previamente, le dio su toque. “Me parecía que había que darle un giro en el que hubiera más presencia de la idiosincrasia española, de nuestro carácter”, cuenta. “El guion original era una película sobre la venganza y nosotros no tenemos tanto esa impronta vengativa”. Tuvo en mente la historia de Padre coraje y de cómo ese hombre se infiltró en una banda para dar con quien había asesinado a su hijo. Cuando lo encontró, no lo mató. Lo denunció. 

“Eso nos representa mucho porque tenemos ese carácter más de justicia universal, de justicia divina. Como, en realidad, somos un país criado o educado en un catolicismo muy antiguo, tenemos esa cosa de que la venganza no es algo tan satisfactorio”, asegura. 

Lo de venerar la familia como institución hasta el punto de que lo que se hace por ella, por atroz que sea, haya quien llega a justificarlo, también. “Estamos educados en una sociedad muy familiar, que no dejamos abandonados a nuestros mayores, que tenemos una fidelidad muy grande a nuestra familia, además una familia amplia, en general: no solo hermanos, sino primos…”, apunta.

Lucha contra los elementos

A esa familia de Reversión ya hemos comentado que son Jaime Lorente, Manu Vega, Belén Rueda y Fernando Cayo quienes le dan vida. “He tenido el casting que he querido. No ha sido un trial and error, hemos ido a lo más alto y ha funcionado”, cuenta Santana. Así que no nos extraña cuando nos dice que una de las cosas más complicadas del rodaje fue pedirles que actuaran mal, algo imprescindible para esas primeras escenas donde una nota algo raro y no entiende por qué hay gestos y maneras que bien podrían haber salido de un thriller de sobremesa.

“Es muy difícil. A los actores les cuesta mucho, sin conocerte, tirarse al barro porque les han dirigido mal tantas veces que muchas veces tienen su voz ya controlada y no la sueltan”, explica. “Para mí, era muy importante confiar y buscar la manera de que no parezca, de que quede un poquito por abajo”. 

A la batalla habitual de cualquier rodaje contra el tiempo y el dinero, en este caso, hay que añadirle alguna más propia. Como el hecho de haber rodado en siete semanas y haberlo hecho entre Madrid, Canarias y República Dominicana. Añadámosle la lluvia permanente en el país caribeño. “Ha sido un poco locura”, afirma.

Manu Vega Reversion

Y en este correr contra el reloj, su experiencia optimizando tiempos ha sido fundamental, si tenemos en cuenta que Reversión es una película de detalles. Muchos detalles que han disparado el número de planos rodados y a los que hubo que añadir la ambición creativa que Santana ha tenido en este proyecto. 

Tenía bastante claro lo que buscaba. “Me gusta mucho este rollo industrial duro que, a la vez, tiene como algo de una época que nunca se acaba. No sabes cuándo un sitio es de los 80, de los 90 o de los 60 porque cuando es industrial es como una constante no época”. 

Para acabar de rematar el tema buscó como director de fotografía a David Azcano, por la estética que consigue darle a los lugares (“Sabe cómo crear unos ambientes muy fríos desde la calidez, no desde la frescura de iluminación”) y optó por rodar solo con una cámara “para tener el control total de cada momento de la película”. Evitaba, así, en el proceso de montaje, que también ha sido intenso, encontrarse con planos que no tenían el mismo carácter o la misma personalidad. 

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