Muchas películas y series ceden el protagonismo a las actrices y convierten a sus novios en auténticos patanes de los que reírse o que funcionan como una velita aromática en la trama, es decir: da igual si están o si nadie los entiende.
Estamos más que acostumbrados a ver películas en las que el novio es el protagonista de la trama y en las que ellas son mero atrezzo. También a los largometrajes en los que ellos son auténticos villanos/imbéciles/desgraciados. Pero ahora ha llegado el momento de que ellos estén en un segundísimo y alguno humillante plano… Y no solo en el cine, sino también en la televisión.
Millennial Mal y Se tiene que morir mucha gente son buenos ejemplos de series en las que los hombres son anecdóticos. En la de Lorena Iglesias, Vito Sanz da vida a un pelele dispuesto a todo con tal de enamorar a la protagonista. No falta una escena en la que hace un bochornoso bailecito con el que pretende ser sexy y que despierta carcajadas. En la serie de Victoria Martín, el hombre de la trama, que aparece más por ser nombrado (Chino) que en persona, recibe todas las bromas de los diálogos por su edad.
De Cumbres Borrascosas es imposible no recordar a Jacob Elordi pero, ¿quién se acuerda del pobre marido de Margot Robbie, al que da vida Shazad Latif? Tiene todo el dinero del mundo, pero como diría JLo –siempre con la alta cultura, como veis–, “las tarjetas de crédito no son un romance”. Supongo que los abdominales y la altura de Elordi tampoco ayudaron a que Robbie se fijara demasiado en Latif, pero… Por cierto, de poco le ha servido el six pack en la última temporada de Euphoria, donde tiene un papel tristísimo y deja de ser el malote de las anteriores temporadas para convertirse en un loser de libro. Aunque buenorro, claro. Y vestido de Bottega Veneta pese a estar en la quiebra.
El tipo de Obsession es otro desgraciado, y Robert Pattinson, que por cierto está espléndido en El drama, da tanta penita en la película como rabia da el personaje de Alana Haim.
El catedrático de literatura comparada en la Universidad de Zaragoza Luis Beltrán Almería ya habla de estos don nadies en su texto El hombre inútil en la novela española moderna. “El hombre inútil es un varón. Su inutilidad se entiende enfrentada a la productividad y vitalidad de una figura femenina. A menudo, la actividad mundana es concebida como la actividad de un aparato administrativo que se sirve de figuras mecánicas, esto es, dotadas de una existencia irrelevante. El hombre inútil se cree consciente y rebelde, aunque sea pasivo, ante la impersonalidad burocrática y la actividad –bondadosa o perversa– de las mujeres”, escribe.
¿Soy malísima por alegrarme de la existencia de esos patanes destinados a ser el +1 de la protagonista? Porque la historia nos ha querido meter en la cabeza que las mujeres que son demasiado son malévolas y están condenadas al ostracismo, por lo que ya tocaba que ellos tuvieran su propia categoría.
Estos señores aportan poco o nada a la trama, pero funcionan como esa vela aromática que, de ser encendida, aporta cierto ambiente a la habitación pero de permanecer apagada, nadie repararía en su existencia. ¡Ha llegado el momento de soplar las velas!