Protagonizada por Sandra Hüller, la comedia de intriga Este/Oeste descubre un suceso bastante desconocido de Alemania.
Cuando el proceso de reunificación alemana empezó en 1989, se pidió a todos los habitantes de Alemania del Este que declararan su dinero y sus activos financieros para su conversión al marco alemán occidental. Cierto tiempo después, se descubrió que existía una diferencia sustancial entre la cantidad de riqueza de la Alemania oriental registrada en los archivos y la cantidad de marcos alemanes pagados. En algún momento del canje, parece ser, alguien se había quedado con una cantidad considerable de dinero a punto de caducar. Ahora, tomando elementos de lo que se descubrió posteriormente y añadiéndoles una buena dosis de conjetura, la comedia de intriga Este/Oeste, protagonizada por Sandra Hüller (Proyecto Salvación, Anatomía de un asesinato), nos ofrece una versión de lo que podría haber ocurrido.
“Sí, está basada en una historia real, una que casi nadie conocía en Alemania”, explica Natja Brunckhorst sobre su primer largometraje como directora. “La encontré en un libro antiguo: todo el dinero del Este fue llevado a un túnel de una mina, y todo apunta a que algunos ladrones nunca identificados descubrieron el lugar”.

La peripecia argumental de la película comienza cuando, tras la caída del Muro de Berlín y el hallazgo de un búnker lleno de billetes que pronto perderán su valor, una familia elabora un plan para usar el dinero tanto en su propio beneficio como en el de toda su comunidad. A partir de ella, Este/Oeste yuxtapone acontecimientos históricos con una trama deliberadamente disparatada que evoca Misión imposible, y entretanto nunca pierde su ligereza pese a hablar de la oscura historia de Alemania. “La comedia siempre es un buen vehículo a bordo del que contar historias como esta”, opina Brunckhorst. “Es un género que permite implicar más al espectador porque, si lo haces reír, le abres el corazón. Y, aunque mi película no tiene un mensaje, creo que dice cosas interesantes sobre el capitalismo y la necesidad del ser humano de pertenecer a un grupo”.
Asimismo, la película retrata la Alemania Oriental con colores vivos y bajo un sol radiante, y el resultado es una imagen del país extinto muy distinta de la que el cine ha ofrecido tradicionalmente, envuelta en oscuridad y atmósferas amenazantes. Según la directora, “esa imagen lúgubre es, sobre todo, propaganda occidental”.
Pese a que su experiencia desde detrás de la cámara es limitada, Brunckhorst es un icono para buena parte de la cinefilia europea gracias a Christiane F. (1981), película de culto sobre una adolescente drogadicta que protagonizó con 14 años. “Me siento muy agradecida por ese papel porque, sin él, yo jamás habría hecho carrera en el mundo del cine y Este/Oeste no existiría”.