Una de las lamentables ocurrencias del dictador Francisco Franco era decir que España, con él, era “un bosque en paz”. La metáfora, que enervaba a todos los antifascistas del país, también cabreaba, por lo tanto, a algunos cineastas. José Luis Borau y Manuel Gutiérrez Aragón, defensores siempre de la libertad, militante del Partido Comunista en el franquismo el segundo, eran dos de ellos. Probablemente, de la irritación ante la mentira de un país en armonía, cuando la realidad era un infierno de cuatro décadas de torturas, asesinatos y violaciones de cualquier derecho, surgió una buena parte de Furtivos. De la imagen del cuadro de Francisco de Goya, Saturno devorando a su hijo, y del talento y el físico de Lola Gaos surgió el resto.
Rodada a finales de 1974, cuando todavía se producían condenas a muerte y ejecuciones políticas en España, con el dictador aún vivo y con una censura que seguía dando muchísima guerra, la película, cuarto largometraje de Borau, protagonizó un fenómeno cinematográfico extraordinario. A pesar de su dureza y de su osadía –Furtivos transgredía prácticamente todo lo que se podía transgredir en el cine y en España–, se convirtió en el gran éxito de taquilla del cine español: la vieron tres millones y medio de espectadores, se alzó con la Concha de Oro en el Festival de San Sebastián y hoy sigue siendo uno de los títulos imprescindibles de la cinematografía española.
50 AÑOS DESPUÉS
Furtivos, 50 años después, es casi más rompedora que entonces. Aunque la censura a la que hoy se enfrenta el cine no es de carácter político, prácticamente nada de lo que se cuenta ni la forma en que se cuenta en este largometraje, idea original de Gutiérrez Aragón y coescrito por él y Borau, se atrevería nadie a contarlo ahora. Es una película radical, directa, amarga, turbadora y casi molesta, que contiene violencia, tiranía, obsesión, sexo con una menor, que sugiere un incesto y que no da cuartel casi a ninguno de los personajes que en ella aparecen.

Para celebrar este primer medio siglo del filme, el 28 Festival de Málaga la presentó en su programación como la Película de Oro y es el título que inaugura la sección Klasikoak de la nueva edición del Festival de San Sebastián. FlixOlé y Video Mercury Films son los responsables de la copia restaurada en 4k que se puede ver hoy.
La mencionada Lola Gaos, Ovidi Montllor, Alicia Sánchez, el propio José Luis Borau (en el papel del gobernador civil) e Ismael Merlo eran los protagonistas de este drama rural que, en la época de su estreno, muchos quisieron ver como una alegoría de la España de la dictadura que revelaba toda la brutalidad franquista. Sin despreciar esa mirada, también se puede decir que Furtivos es la historia de Martina, una madre dominante, obsesiva y tiránica, que vive con su hijo Ángel en el bosque, un joven que se saca unas pesetas de la caza furtiva y que un día que baja a la ciudad conoce a una chica, Milagros, una menor de edad que ha escapado del reformatorio y se enamora de ella. La joven es amante de un delincuente, el Cuqui, al que persigue la policía, pero accede a casarse con Ángel para no volver con las monjas (“son unas hijas de su madre”). Martina la tiene ojeriza, Ángel está colado por ella. El bosque huele a sangre y a drama.
LA NATURALEZA ES CRUEL

“En aquella época yo pienso que en España cualquier película siempre se trasladaba a un contexto político. Entonces el gobernador civil, que lo hacía el propio Borau, era la autoridad, era Franco, era todo eso… pero a Borau no les gustaban nada los simbolismos, así que al final es una historia muy concreta: un chico que se enamora de una chica y que tiene una madre un poco terrible”, decía el coguionista, el cineasta Manuel Gutiérrez Aragón, en unas entrevistas que grabó FlixOlé para el 50 aniversario.
“La película intentaba mostrar cómo los bosques, la naturaleza puede ser engañosa y cruel. Y cómo los hombres, que son quienes pueblan la naturaleza, también lo son a veces. Y no sólo eso, la paz es impuesta en ciertas ocasiones y en esas ocasiones, pues la paz no sólo no es un bien, sino que es algo que es preciso romper”, explicaba el propio Borau en una presentación de la película para su versión en DVD. “Era –decía– una película que se hizo en un momento muy concreto, al final de la dictadura, y nosotros creíamos, me refiero a Manuel Gutiérrez Aragón y a mí, que fuimos quienes hicimos la historia, que esa paz impuesta era cruel”.
Alicia Sánchez, la actriz que interpretó a la joven Milagros, encaró con más sencillez el trabajo. “Yo creo que está todo muy claro en la película. Si la ves con detenimiento, te das cuenta de que el personaje de Ovidi es un personaje sometido a una madre dominante, que se encuentra de repente con el amor puro y, claro, ahí hay un choque”, aclaró en el Festival de Málaga.
LA PERSECUCIÓN Y LA CENSURA
Al franquismo no le gustó nada la película. La censura obligaba a Borau a eliminar algunas secuencias completas y unos 40 planos del metraje. El cineasta se negó y ante ese gesto de resistencia, se prohibió que Furtivos fuera a los festivales internacionales. Pero fue a San Sebastián y ganó, lo que suavizó la persecución del comité de censura, que, sin embargo, sí hizo que se cortaran algunos planos de desnudos para su estreno en salas. Llegó a los cines dos meses antes de la muerte del dictador y fue elegida para representar a España en los Oscar.
“Tuvo muchísimo éxito, como se sabe, y desde un punto de vista de la crítica y de público. Yo no lo esperaba así, creía que era una película demasiado sincera, demasiado rabiosa y demasiado no complaciente como para que tuviera ese eco que tuvo, hasta haberse convertido en algo así como un emblema de la Transición, aunque realmente la película se concibió y se rodó antes de la Transición”, confesaba José Luis Borau entonces.
Poco antes, el cineasta había reconocido que Furtivos no era la película que más feliz le había hecho en su carrera. “He de confesar que me siento un poco aplastado por aquella película. Que la sigan recordando en la prensa o en la calle al cabo de tantos años tiene un sentido agridulce para mí. Ni siquiera es la película que más me gusta”, se lamentó en alguna ocasión.
“Hoy la película no estoy seguro de que se pudiera hacer, o mejor dicho ni siquiera se podría concebir porque infringe todas las reglas. Era una película insólita, de esas que surgen un poco sin esperarse y sin saber. Es una película muy, muy dura, que todavía hoy cuando se ve te sacude, pero sobre todo es la película de un gran director, como era Borau, que ahí puso toda su sabiduría y su coraje”, afirma hoy Gutiérrez Aragón.
LAS DOS ESPAÑAS
La dureza de Furtivos se avisa desde el primer segundo de la película, que muestra los títulos de créditos iniciales sobre un repertorio de balas. A partir de ese momento, la historia revela la realidad de las dos Españas que existían entonces. Por un lado, los privilegiados, burgueses ricos instalados en puestos de poder, como el propio gobernador civil y los personajes que siempre le acompañan. Por otro lado, la gente corriente, los trabajadores, mujeres y hombres que en el campo se buscaban la vida con pequeñas ilegalidades para sacar unas pesetas de más y poder sobrevivir a la pobreza de esos años.

El personaje de Ángel y el del gobernador, representantes de las dos caras del país, son en este cuento de ogros del bosque hermanos de leche, lo que concede más significados a todo el resto del relato. Al fin y al cabo, los dos hombres han crecido mamando de la misma mujer.
“Bajo la apariencia de ese bosque bucólico se cometen todo tipo de barbaries inimaginables. Furtivos tiene una repercusión enorme, gigantesca, contra todo lo esperable. Es un proyecto casi suicida que se rueda en unas condiciones realmente asombrosas, con una enorme rapidez, y tiene una repercusión gigantesca. Es una película que termina recaudando, si tenemos que hacer caso a Borau, casi 400 millones de pesetas, y costó apenas nueve”, aclaró, con motivo de la proyección de la copia restaurada en el Festival de Málaga, el historiador del cine y crítico Carlos F. Heredero, autor de dos libros indispensables sobre Borau: Iceberg Borau y Furtivos. 50 años.
LAS PRISAS DE UN ARAGONÉS
José Luis Borau había rodado antes unas películas con actores americanos y la experiencia no había sido especialmente buena. Decidido, con el tesón propio de un aragonés, a hacer la película que quería como él quería, le entraron las prisas por hacer un filme “español hasta las cachas”. Preguntó a su amigo Manuel Gutiérrez Aragón si tenía alguna historia, éste le pasó un primer guion de Furtivos, y ambos se pusieron manos a la obra.
El cineasta consiguió la financiación para hacer la película vendiendo la oficina de su productora, El Imán. Y se puso a rodar. Fue la primera película española que se empezó a rodar sin tener el permiso, cosa absolutamente impensable en la época. No tenía la autorización, pero tenía el elemento clave para hacer la película: Lola Gaos. De hecho, cuando Borau y Gutiérrez Aragón comenzaban a dar los primeros pasos en el proyecto, pensaron inmediatamente en una historia con Lola Gaos y les vino a la cabeza el personaje de Saturna que la actriz interpretaba en Tristana, de Buñuel.
“Si no hubiéramos podido contar con ella, a lo mejor ni habríamos hecho la película”, afirmó Borau. De esa Saturna llegaron al Saturno que pintó Goya y de éste, y pasando por el bosque habitual en la cinematografía de Gutiérrez Aragón, aterrizaron en el territorio de Furtivos.
El equipo trabajó en el Hayedo de Montejo, en Madrid, y en Rebollo, cerca de Segovia, además de en los Pirineos, donde se filmaron algunas escenas de nieve. Fue, según dijo el propio director, “un rodaje relativamente sencillo, a pesar del frío que pasamos. Era diciembre al aire libre, en la provincia de Segovia y de madrugada. Esta película, después de la experiencia americana, dentro de las incomodidades propias de la naturaleza, pues resultó muy agradable. Y yo creo que eso se nota en la película, en el sentido de que me parece a mí que todo está bastante bien conjugado”.
Toda la película, tanto en 1975 como hoy, 50 años después, responde, como describió el gran José Luis Borau, a la imagen de “la gente acosada, la gente perseguida, la gente devorada en ese bosque oficialmente pacífico”.