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Las 10 películas de Fernando Franco: El director de ‘La luz’ nos cuenta sus imprescindibles

A dos meses de empezar el rodaje de su siguiente película, “sobre Lorca”, y solo seis meses después del estreno de su anterior filme, Subsuelo, Fernando Franco estrena La luz (en cines 5 de junio), un proyecto en el que empezó a trabajar cuando estaba en la postproducción de La consagración de la primavera (2022). Es decir, este reputado montador (que ha trabajado con Pablo Berger, Celia Rico o Isaki Lacuesta), que debutó como director de cine con La herida en 2013 (y con premio Goya), está en una buena racha. Lo sabe. Y eso que él plantea un cine que si no incomoda al menos remueve. “Es el cine que me interesa, el cine que me hace cuestionar las ideas que tenía, o que me hace ver las cosas desde otro ángulo”, admite.

Algo que vuelve a ocurrir en La luz, la historia de un cura (Alberto San Juan) con un pasado de abusador que se arrepiente públicamente. “Yo le decía a mi productora que tiene un punto distópico, en el sentido que plantea algo que no ocurre”, dice en referencia a no haber encontrado ningún caso similar en la Iglesia. La idea de hablar de los abusos sexuales de la Iglesia le vino de Merry Colomer, de Morena Films, Franco se vio todas las películas y “vio un patrón, incluido en El club, de Pablo Larraín: que la víctima iba a confrontar o echarle en cara al abusador”. “Yo me planteé cómo sería invertir las dos ecuaciones: por un lado, hacerla desde el punto de vista del abusador y no de la persona abusada; y, por otro, qué pasaría si fuera el abusador el que va a visitar años después a la víctima”, explica.

Aprovechando el estreno de un filme que dará que hablar le pedimos su lista y nos manda una muy personal: “Todas han tenido un significado especial en mi vida”.

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ARREBATO (IVÁN ZULUETA, 1979)

“La vi por primera vez en un cineclub de Sevilla cuando tenía 15 años. Probablemente fue el visionado más revelador de toda mi vida; tanto que acabé viéndola tres días seguidos. Me abrió la mente a entender que otro cine era posible, que género, experimentación y narración podían convivir, sin complejos y a la perfección, en una película. Y, además, que todo esto se podía hacer en España. Es una de las películas que más claramente me animó a dedicarme al cine”.

DETOUR (EDGAR G. ULMER, 1945)

“Desde muy jovencito fui gran amante del cine de género; particularmente, del noir y del fantástico. Hacía bien los deberes y veía todos los clásicos de Hollywood, sus grandes producciones de grandes directores… hasta que la serie B se cruzó en mi camino. Probablemente fue Detour el título que más me impresionó y me reveló que trabajar en los márgenes de una industria puede permitir escapar del control o los imperativos de la taquilla, siendo un estímulo para la creatividad y la experimentación. En este sentido, su uso del off y de la narración ‘descuadrada’ me fascinaron por completo”.

MISS MUERTE (JESÚS FRANCO, 1966)

“Le tengo un especial cariño a esta película porque con ella resucitamos el cineclub de Comunicación Audiovisual de la Universidad de Sevilla. La idea era arrancar con películas españolas no demasiado vistas o, directamente, malditas. No era nada fácil encontrar una copia decente en los años 90, lo que me llevó a introducirme en los bajos fondos de la cinefilia de la ciudad, consiguiendo ésta y otras tantas que programamos en VHS (Bilbao, de Bigas Luna, o Tras el cristal, de Villaronga) hasta que pudimos empezar a programar copias en 35 mm. La primera recuerdo que fue Madame De… (Ophüls), un notable salto en otra dirección, por otro lado”.

MARIDOS (JOHN CASSAVETES, 1970)

“El arte que más me interesa es aquel que consigue emocionarme, en el sentido etimológico del término: removerme. Y si hay una película que consigue eso de la manera más radical es Maridos. El nivel de visceralidad, la implicación superlativa de todo el reparto, el alto nivel de realismo y la crudeza con la que éste se infiltra en una ficción, así como su falta absoluta de concesiones hacen de ella una película que creo que sería imposible filmar a día de hoy. Al margen de Saló, aunque por otros motivos, recuerdo pocas experiencias tan extremas y reales en una sala como la dilatada secuencia del bar”.

RADIO ON (CHRISTOPHER PETIT, 1979)

“La elijo más bien como contenedor de una especie de movimiento de los 80 que me fascina y al que, paradójicamente, por ser tan ovni, ni siquiera pertenecería aunque reúne todos sus rasgos. Me refiero a todo ese cine punk de bajo presupuesto, con estética do-it yourself y personajes nihilistas a la deriva, en tramas de una narrativa tremendamente suspendida: esas pelis herederas de Warhol-Morrissey y Godard dirigidas por gente como Amos Poe, Jarmusch, Lizzie Borden, Bette Gordon o el primer Ferrara. Es ese un cine que me fascina y siempre me hace pensar que, si pudiera viajar en el tiempo a un sitio concreto en el que ser cineasta, lo haría al Nueva York de esa época”.

JEANNE DIELMAN (CHANTAL AKERMAN, 1975)

“La película que más radicalmente me introdujo en la noción de ‘tiempo real’. Me fascinó su capacidad para trascenderlo todo a base de acumulación de repeticiones con variación como si se tratara de una enorme sinfonía minimalista de lo doméstico. Me pareció tan brillante y llena de ideas aparentemente sencillas pero de una precisión quirúrgica que en 2010, con el permiso de su directora, me animé a hacer una indagación-autopsia de la película en forma de pieza de found footage que bauticé como Les variations Dielman”.

SÁTÁNTANGÓ (BÉLA TARR, 1994)

“Fue mi puerta de entrada a Béla Tarr y, por tanto, a su mundo: a Krasznahorkai, a Ágnes Hranitzky y a Mihály Víg. Una película que es un monumento. Inabarcable, inagotable. Quizás por eso Susan Sontag decía que habría que revisarla, al menos, una vez al año. No creo que nadie que la haya visto pueda olvidar nunca ese baile borracho con un pan en la cabeza, el travelling del búho o, mucho menos, a Estike, la niña protagonista, una suerte de cruce reencarnado de personajes bressonianos: Mouchette y la Marie de Au hasard Balthazar, dos de mis pelis favoritas, por otro lado”.

LA VIDA ÚTIL (FEDERICO VEIROJ, 2010)

“Faltarían páginas para contar el lazo que arrancó en mi vida esta película que me fascinó desde el mismo momento en que la vi: un piso alquilado, un inquilino, Filmoteca Española, la fascinación de un madrileño, un uruguayo y un sevillano por la música industrial y, más concretamente, por Coil… un montón de cosas que hicieron que acabara produciendo la siguiente película de su director y que sea uno de mis mejores amigos a día de hoy”.

BLANCANIEVES (PABLO BERGER, 2012)

“Probablemente la película que más he disfrutado montando. De hecho, es la única película que he montado y he vuelto a ver una vez terminada. Como amante del cine mudo que soy, poder jugar a montar como Abel Gance, Jean Epstein o Eisenstein es uno de los mayores regalos que me han hecho y por el que estaré eternamente agradecido a Pablo Berger”.

THE HOUSE IS BLACK (FOROUGH FARROKHZAD, 1963)

“Tanto el cortometraje como el documental son también muy importantes en mi vida así que no quería dejar de meter alguno. Este en concreto es quizás uno de los mayores ejemplos de concreción que uno pueda ver. Es abrumadora la cantidad de ideas que hay condensadas en estos 20 minutos y su capacidad para despertar una reflexión que, partiendo de las ideas de belleza y fealdad, encierra, en realidad, un poético retrato de una sociedad estancada. Lástima que su directora muriera con tan sólo 32 años sin haber dirigido nada más”.

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