¡Felicidades, Quentin! Su cine en 5 escenas

Beatrix Kiddo, Bill y los cinco puntos para hacer explotar un corazón (Kill Bill Vol. 2, 2004). Este perfecto ejemplo del prodigioso dominio que posee Tarantino del espacio y el tiempo cinematográficos recoge el enfrentamiento final entre los personajes de Uma Thurman y David Carradine. Contra todo pronóstico, Tarantino huye de la acción y del derramamiento de sangre para poner punto y final a la venganza de la Mamba Negra con una sobria y profunda conversación.
Beatrix Kiddo, Bill y los cinco puntos para hacer explotar un corazón (Kill Bill Vol. 2, 2004). Este perfecto ejemplo del prodigioso dominio que posee Tarantino del espacio y el tiempo cinematográficos recoge el enfrentamiento final entre los personajes de Uma Thurman y David Carradine. Contra todo pronóstico, Tarantino huye de la acción y del derramamiento de sangre para poner punto y final a la venganza de la Mamba Negra con una sobria y profunda conversación.

Butch y Marsellus Wallace en el sótano (Pulp Fiction, 1994). Tarantino apela directamente a la casualidad para reunir a los personajes de Bruce Willis y Ving Rhames, enemistados, en esta oscura sala de torturas. La genial inventiva del guionista y director para diseñar a los personajes secundarios (¡ojo a El Tarado!) y el uso de la música in crescendo convierten a esta secuencia en una de las más apabullantes de toda su filmografía.
Butch y Marsellus Wallace en el sótano (Pulp Fiction, 1994). Tarantino apela directamente a la casualidad para reunir a los personajes de Bruce Willis y Ving Rhames, enemistados, en esta oscura sala de torturas. La genial inventiva del guionista y director para diseñar a los personajes secundarios (¡ojo a El Tarado!) y el uso de la música in crescendo convierten a esta secuencia en una de las más apabullantes de toda su filmografía.

La cena en Candyland (Django Desencadenado, 2012). Hay pocos ejemplos tan geniales en el cine contemporáneo como este de lo que el maestro Hitchcock llamaba "suspense". En esta secuencia, famosa por el accidente de Dicaprio con el vaso (lo cual no le impidió continuar adelante con su interpretación), el espectador sabe más que los personajes principales (Django y Schultz), lo que le hace sufrir un estado permanente de estrés mientras se desarrollan los hechos.
La cena en Candyland (Django Desencadenado, 2012). Hay pocos ejemplos tan geniales en el cine contemporáneo como este de lo que el maestro Hitchcock llamaba "suspense". En esta secuencia, famosa por el accidente de Dicaprio con el vaso (lo cual no le impidió continuar adelante con su interpretación), el espectador sabe más que los personajes principales (Django y Schultz), lo que le hace sufrir un estado permanente de estrés mientras se desarrollan los hechos.

Los tres dedos de Michael Fassbender (Malditos Bastardos, 2009). De igual manera que el ejemplo anterior, esta secuencia del sexto film de Quentin Tarantino es otro maravilloso ejemplo de cómo construir el suspense en pantalla. La perfecta planificación visual y las milimétricas interpretaciones de los actores, donde cada gesto parece estar medido al detalle, terminan de redondearla.
Los tres dedos de Michael Fassbender (Malditos Bastardos, 2009). De igual manera que el ejemplo anterior, esta secuencia del sexto film de Quentin Tarantino es otro maravilloso ejemplo de cómo construir el suspense en pantalla. La perfecta planificación visual y las milimétricas interpretaciones de los actores, donde cada gesto parece estar medido al detalle, terminan de redondearla.

El Sr. Rubio y la oreja (Reservoir Dogs, 1992). Una de las escenas más conocidas del cine de Quentin Tarantino, imitada y homenajeada mil veces en la cultura popular posterior. En este caso, además del uso de la música y de la excelente interpretación de Michael Madsen, la labor de Tarantino destaca por su inteligentísimo uso del fuera de campo cuando la cámara, ante el horror perpetrado, se aleja momentáneamente de los personajes para enfocar el vacío y, al momento, regresar al foco de la acción. Una delicia cinematográfica.
El Sr. Rubio y la oreja (Reservoir Dogs, 1992). Una de las escenas más conocidas del cine de Quentin Tarantino, imitada y homenajeada mil veces en la cultura popular posterior. En este caso, además del uso de la música y de la excelente interpretación de Michael Madsen, la labor de Tarantino destaca por su inteligentísimo uso del fuera de campo cuando la cámara, ante el horror perpetrado, se aleja momentáneamente de los personajes para enfocar el vacío y, al momento, regresar al foco de la acción. Una delicia cinematográfica.