Mother Mary es el título de la película y también el de la diva que interpreta Anne Hathaway, una gran reina de la música pop que está a punto de volver a los escenarios tras un terrible accidente que sufrió a la vista de todos. En crisis por ese regreso, escapa de sus costosos preparativos para refugiarse en su antigua amiga, Sam (Michaela Coel, conocida hasta ahora por su serie Podría destruirte), la diseñadora que le ayudó a crear la imagen que le dio la fama y una iconografía de la que ahora se siente prisionera. Quiere que su vieja amiga la perdone y cree ese vestido para ella con el que volver, pero empezando una nueva etapa.

Tienen solo 24 horas para cerrar viejas heridas y crear ese vestido, el vestido (diseñado, por cierto, por Iris Van Herpen). Y, por eso, la película es casi teatral: dos personajes en un único espacio, un antiguo granero. “Quería hacer una película que fuera solo diálogo, con dos grandes actrices y un gran guion, y nada más. Sinceramente, pensé que sería una película rápida y sencilla”, explica Lowery, un nombre de prestigio en la industria porque ha sabido jugar entre el cine más personal (A Ghost Story, En un lugar sin ley) y el más comercial (Peter y el dragón, The Old Man & The Gun).
Mother Mary es una extraña combinación entre las dos, un filme que nace de los propios demonios y debates íntimos del director, de su educación e infancia católicas, pero venido a más por la escala y los nombres asociados. Además de Anne Hathaway y Michaela Coel, Charli XCX y Jack Antonoff han compuesto las canciones y la música de la película.
La diva protagonista comparte pantalla con otra popular cantante, FKA Twigs, quien se reserva un pequeño pero clave papel en esta historia que también tiene mucho de fantasmal, atmosférico y casi de terror, una marca de la casa Lowery. En la creación de esta gran estrella musical, el director ha tirado de su pasado, coincidiendo con el resurgimiento actual de una iconografía católica. Además del nombre virginal, su Mother Mary lleva como seña de identidad un halo. “Debo reconocerle a Beyoncé el mérito de haber escrito una canción sobre ese accesorio y de haberme inspirado”, dice Lowery entre risas y vía Zoom. “Sin duda, la iconografía religiosa y la iconografía pop llevan décadas en diálogo. Y como persona que creció en un ambiente muy católico y a quien no le permitían escuchar a Madonna, siempre me ha fascinado ver cómo se utilizaba el lenguaje y las representaciones visuales de la fe con otro propósito. De niño, me parecía peligroso y aterrador, pero de adulto, he llegado a apreciarlo porque lo entiendo: cuando las estrellas del pop usan esa imaginería católica, para mí, que crecí en una familia católica, cobra un significado mucho más profundo y atractivo. Por eso me encanta todo lo que está haciendo Rosalía –añade–, creo que su disco Lux es uno de los mejores de los últimos 10 años”.

A su lado, Anne Hathaway asiente y salta entusiasmada: “Absolutamente. Yo no puedo dejar de escucharlo. Y en esa música sientes un anhelo, ya sea espiritual o personal, pero hay una especie de conexión con el alma, como si buscara algo. Hay algo religioso en ello, independientemente de si hay fe de por medio. Escuchar ese disco es una experiencia casi religiosa”, comenta. “Yo me inspiré en muchísimas estrellas del pop para crear mi Mother Mary: Taylor Swift fue una de ellas… David preparó una larga lista de canciones que me ponía constantemente para meterme en el personaje… pero escuchar a Rosalía fue muy importante porque yo estaba muy frustrada y abrumada intentando aprenderme mis canciones, tener que aprenderme la letra, la coreografía… Entonces alguien puso una canción de Rosalía y dije: ‘No me sé la letra, no hablo español… pero la siento’. Fue la primera artista cuya música sentí, y fue el primer paso para liberar la energía en mi cuerpo y poder bailar como mi Mother Mary”.
Para Hathaway, la película ha supuesto “el proceso más agotador” de su carrera por tener que prepararse físicamente para interpretar, cantar y bailar con pesados trajes y halos, al tiempo que se exponía emocionalmente más que nunca. Se rompe en algunas escenas casi como en un exorcismo al que le lleva el personaje de Michaela Coel porque, bajo el envoltorio de un estilizado thriller casi musical, Mother Mary es en realidad un profundo drama personal, como explica la actriz: “Explora la creatividad, el perdón, la pérdida, el arrepentimiento y lo que significa tener asuntos pendientes con alguien a quien amas”.