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Ingride Santos, directora de ‘Ruido’, una película sobre las batallas de gallos: “Hay que tener un par de huevos para meterse allí, ocupar ese espacio como chica”

Ingride Santos debuta con Ruido, una película musical ambientada en el mundo de las batallas de freestyle, protagonizada por artistas reales del rap.

“Te falta confianza”, dice una amiga a Lati, una joven que, tras la muerte de su padre, ha encontrado refugio en el rap. Su ambición es participar en las batallas de freestyle, pero se topa con la oposición de su madre y, efectivamente, con su propia inseguridad. No es para menos en un mundo en el que, como explica la directora Ingride Santos, hoy hay sólo unas 10 mujeres en medio de centenares de hombres.

“Es complicado, casi todo el espectáculo de gente que lo ve son tíos, que son súper majos, pero claro, hay que tener un par de huevos para meterse allí, ocupar ese espacio como chica”, dice la directora y guionista que entró en este universo con su anterior proyecto, el cortometraje Beef. Y así conoció a una de esas pocas jóvenes, Latifa Drame, y con ella se lanzó a la aventura de rodar esta ficción, su primer largometraje, Ruido, una película musical protagonizada en su mayoría por los propios artistas del rap que aparecen en ella.

Ruido sigue los pasos de Lati, una joven que sueña con participar en esas batallas, conocidas como batallas de gallos. A escondidas de su madre, entrena y se prepara con Judy, una antigua promesa del freestyle, con la que aprenderá, sobre todo, a enfrentar sus propios límites y a vencer sus dudas e inseguridades.

Ruido

Una generación

Es una historia que mira a una “gran generación que ha nacido en España y que tiene un leve desencaje entre quiénes son, de dónde vienen y a dónde van”, explica Ingride Santos, que muestra la multiculturalidad de este grupo, una realidad que “en su caso no lo viven como nosotros, ellos lo viven con total normalidad”.

Lati es hija de padres nacidos en Mali y emigrados a España, y es una joven negra, circunstancias que pesan en su falta de confianza al inicio de este relato. Lo siguiente es una historia de aceptación y empoderamiento.

Judith Álvarez Vargas, Sara Bibang y Ali Boulabiar completan el reparto principal de la película, que triunfó en la reciente edición del Festival de Cinespaña, conquistando los premios de mejor dirección, mejor directora novel y mejor fotografía (Beatriz Sastre).

Coescrita por la directora junto a Lluís Segura, la película se preparó antes del rodaje con unos talleres: “Unos ensayos con ellos y ahí en los talleres, pues ellos se iban tirando beef, que es como lo llaman ellos, y entonces íbamos construyendo la pieza –dice Ingride Santos–. Luego en el rodaje lo hacíamos como si estuviera ocurriendo en ese momento”.

Como el pressing catch

La atmósfera que reproduce Ruido de estas batallas es muy agresiva, pero no es del todo real. “El tema de las batallas de gallos digamos que es un poco como el pressing catch. O sea, todo lo que hacen ellos es a nivel interpretativo. De hecho, los freestylers suelen asociarse siempre con un personaje, por ejemplo, el villano. Y el juego es así entre ellos”, explica la directora.

Ruido

“Cuando tú sales a una batalla, te van a hacer una radiografía y te van a machacar, sea la condición que seas. Si eres blanco y heteronormativo, pero estás delgado como un fideo o tienes los dientes mal puestos, van a ir a saco con eso, porque el objetivo es derribar a al contrincante”, añade.

En el caso de la protagonista, Lati, “como es negra y tiene todos los condicionantes, pues se meten con eso, pero es que es la esencia de las batallas –afirma–. Eso es lo que hace que tengas que ser una persona con mucha autoestima y dispuesta al juego, porque las reglas son eso, cuando bajas a la arena, pues los tigres van a ir a por ti”.

Cambio de formato

Ingride Santos, que ha investigado a fondo el mundo del freestyle, apostó por dos formatos diferentes en su película, uno mucho más abierto en toda la trama musical y otro en 4/3 para los momentos de diálogos o discusiones entre dos personajes, o secuencias familiares. “No sé por qué razón, tal vez no sé rodar aún discusiones y enfrentamientos en un formato amplio, y escogí el 4/3 en esa casa familiar, que también me ayudaba a ahogar la situación, a dar más sensación de claustrofobia de un sitio en el que estás atrapado”, dice. En el extremo opuesto, en el mundo del rap, la imagen se abre y simboliza el deseo de salir de la jaula en la que vive Lati.

Una joven que pregunta a su entrenadora de qué debe hablar en sus canciones. “De lo que te rodea”, le contesta. Que es, justamente, lo que Ingride Santos hace en su cine. “Sí, hablar de lo que hayas visto o de lo que hayas sentido. Todo lo que yo haya podido vivir, o con lo que me haya podido emocionar, es más probable que pueda emocionar a los demás. Intento siempre eso y hablar de lo que desconozco, meterme dentro y conocerlo, como las batallas de freestyle, que cuando empecé a ir era la cuarentona rara que se fumaba un piti y se bebía una lata de cerveza con ellos y ahora soy la mamá de todos”.

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