El actor de La casa de papel debuta en la dirección con El mal hijo, con la que inaugura la sección New Directors de la 74 edición del Zinemaldia.
Jaime Lorente (Murcia, 1991) se formó como actor de teatro, pero desde el momento que se mudó a Madrid y se puso delante de una cámara, se le despertó “el gusanillo de la dirección, quería saber más de la dramaturgia de la cámara”, explica. “Soy de los muy preguntones, a los técnicos, a los directores…”. Lleva años queriendo estar donde está ahora estrenando su ópera prima, El mal hijo (en cines el 16 de octubre, tras su paso inaugurando hoy New Directors en el Festival de San Sebastián). Se puso más en serio a planear dirigir hace seis años, junto a su amigo, el actor Miguel Ángel Puro. Dos guiones se han quedado por el camino (“Es muy difícil levantar una película”, admite), hasta que llegó la novela homónima del también murciano Salvador S. Molina con la que se sintió inmediatamente identificado.
“Cuando pensé en dirigir, lo primero que me movilizaba era contar algo sobre la adicción, no poniendo el centro de la narrativa en la adicción, sino en las historias de amor que se forman alrededor de una persona enferma”, explica. “Porque al final, para mí, esta es la historia de amor entre la Pascuala (Susi Sánchez) y Rubén (Hugo Arbués), que son dos seres que eligen quererse, eligen cuidarse en un ambiente de mierda, eligen defenderse hasta el último momento”. Aunque el motor inicial es ese mal hijo y también mal padre (al que da vida Miguel Ángel Puro), que por su adicción les abandona.

La película, en cualquier caso, cambia en su segunda parte respecto a la novela y también ha tenido que cambiar de paisaje (de Murcia a Canarias), pero mantiene su esencia de western, que Jaime Lorente ha decidido rodar en 16mm y 35mm, y dejar la cámara fija, contemplando.
“Yo he hecho una película que a mí me encantaría ver. Y lo digo con toda mi humildad y con todo el corazón en la mano, es una historia que yo, como actor, también tengo muchas ganas de interpretar”. El mal hijo es una historia sobre elegir quererse y sobre “romper las herencias de violencia a través del amor”.
Para el actor de La casa de papel o La silla, El mal hijo es solo el principio. “Es una declaración de intenciones de lo que a mí me apasiona, de mi sensibilidad, de lo que yo soy, de lo que yo quiero contar. El trabajo donde más se me puede conocer a mí como Jaime, es en este”, confiesa. “Hace mucho que se me metió entre ceja y ceja que quería dirigir. Y sigo queriendo dirigir, tengo aún más ganas de dirigir ahora”.