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Marco Nguyen codirige ‘Jim Queen’, una irreverente sátira de animación: “No recibimos apoyo de plataformas ni cadenas. La consideraban demasiado gay”

Jim Queen

Fue una de las películas sensación de Cannes: Jim Queen, de Marco Nguyen y Nicolas Athané, es una divertida sátira sobre la comunidad gay y un grito de alarma ante el retroceso y la intolerancia.

En un gimnasio decorado al estilo de la antigua Grecia y situado en Le Marais, el barrio queer de París, una tropa de hombretones musculosos y dotados de exuberante pluma exhiben glúteos prietos, prominentes paquetes y abdominales de 24 piezas mientras se machacan con mancuernas, engullen batidos de proteínas y se chutan esteroides al ritmo de una vigorosa coreografía. Así empieza el primer largometraje codirigido por Marco Nguyen y Nicolas Athané, Jim Queen, una hilarante sucesión de chistes dotada de una energía y una insolencia contagiosas, y fruto de casi ocho años de trabajo. “Conseguir financiar la película fue una lucha larga y tortuosa”, recuerda Nguyen. “Pudimos rodarla en buena medida gracias a la autofinanciación y a una campaña de crowdfunding; no recibimos ningún apoyo de las plataformas de streaming ni de las cadenas de televisión francesas. La consideraban demasiado gay”.

En 2018, Nguyen trabajaba como promotor nocturno en la capital francesa y diseñaba flyers para fiestas LGTBIQ+. Una noche conoció al guionista Simon Balteaux, y ambos conectaron de inmediato. “Decidimos que queríamos escribir una película de animación que funcionara como una carta de amor a la cultura queer, que es maravillosa y culturalmente riquísima, pero que suele ser representada de forma distorsionada por la ficción a causa tanto de los tópicos como de la obsesión por asociarla al dolor y al sufrimiento. Nuestra intención era preguntarnos: ¿qué ocurriría si ese mundo tan hermoso dejara de existir?”.

El personaje titular de Jim Queen es un influencer, venerado por su legión de seguidores en Instagram y sus suscriptores de OnlyFans, que predica el amor propio, pero desprecia a quienes no encajan en su particular canon de belleza. Un día Jim contrae la heterosis, una nueva enfermedad que convierte a los homosexuales en heterosexuales, y de repente ve cómo su cuerpo se vuelve flácido, y desarrolla una repentina obsesión por el fútbol y por tener hijos. Víctima del rechazo social, Jim emprende junto a un joven admirador con problemas de autoestima llamado Lucien –cuya dominante madre resulta ser la ultraderechista ministra de Sanidad del país– una peligrosa aventura en busca de una cura que pueda salvarlo a él y evitar la desaparición de la homosexualidad. Mientras exhorta a la comunidad queer a permanecer unida frente a la adversidad, Jim Queen también pretende poner el foco en las divisiones internas que el colectivo fomenta a causa del culto al cuerpo, la exclusión y la superficialidad.

“Los hombres gays estamos obsesionados con nuestro aspecto: nos obsesiona estar en forma y parecer jóvenes”, explica Nguyen. “Existe mucha masculinidad tóxica dentro de nuestra comunidad, y con esta película hemos querido reírnos mucho de nosotros mismos”. Para ello, y en un intento de tender la mano al público heterosexual, la película recurre a una sucesión de alusiones a referentes universales de la cultura pop como el manga, Disney o El sexto sentido, además de otras a iconos queer como Céline Dion y The Rocky Horror Picture Show.

Entretanto, la enfermedad sobre la que se articula la premisa de la película funciona como una metáfora de doble filo. Por un lado, es una inversión del viejo mito según el cual la homosexualidad es una enfermedad; por otro, establece un claro paralelismo con el trato a menudo recibido por las personas homosexuales que viven con el VIH. Según Nguyen, eso sí, “la heterosis alude a la heteronormatividad, a los sistemas de opresión existentes y a todas las ideologías y formas de pensamiento que fomentan la división”. La idea de un síndrome que amenaza con hacer desaparecer la homosexualidad, añade, ha adquirido una resonancia inesperada a medida que el auge de la extrema derecha ha ido acompañado de un retroceso de los derechos LGTBI en numerosos países.

“Cuando empezamos a concebir Jim Queen la sociedad avanzaba firme hacia la integración completa de las personas homosexuales, pero ese camino se ha invertido. Aún hay 12 países en los que la homosexualidad se castiga con la pena de muerte, y las terapias de conversión siguen sin prohibirse en Europa. Por eso, aunque la película fue concebida como una sátira desenfadada, ha acabado convirtiéndose en un grito de alarma contra la estupidez y la intolerancia”.

Cuando el tráiler de Jim Queen empezó a circular por internet, recuerda Nguyen, no tardaron en aparecer comentarios cargados de odio. “¿Cómo se atreven a decir que la heterosexualidad es una enfermedad?”, protestaban algunos, y la película es nuestra manera de recordarles que nosotros llevamos toda la vida soportando esa misma calumnia. ¿Cuánto tiempo más vamos a seguir atrapados en ese absurdo?”.

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