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Milo Quifes, Carlos González y Miguel Bernardeau nos hablan de ‘La bola negra’: “Ver cómo tu país, tus amigos, se empiezan a matar, me impresiona mucho”

La bola negra

En un día de ola de calor de julio, vía Zoom, reunimos a tres de los protagonistas de La bola negra, cada uno representa una de las tres historias y tiempos que se cruzan y complementan en el filme de Los Javis. Milo Quifes, Carlos González y Miguel Bernardeau nos hablan de su paso por Cannes y la experiencia de rodar esta película que va a revolucionar también sus vidas.

La bola negra son tres historias en tres tiempos cruzadas y unidas por un hilo de identidad y memoria, de reivindicación y amor. Carlos González protagoniza la historia situada casi en la actualidad, en 2017, al que conocemos en un viaje de arqueología musical en Turquía y, de regreso en Madrid, entre broncas con su madre (Lola Dueñas), descubre que su abuelo, al que nunca conoció, le ha dejado una herencia en su pueblo.

Miguel Bernardeau es Rafael Rodríguez Rapún, el único personaje real, miembro de La Barraca, pareja de Lorca y sobre el que gira la obra de teatro La piedra oscura, de Alberto Conejero, en la que se basa la película de los Javis. Militante socialista, alistado con la República, Rafael cae preso durante la Guerra Civil y, mientras se recupera y deciden qué hacer con él, le cuida Sebastián (a quien da vida Álvaro Lafuente, más conocido como Guitarricadelafuente), un soldado del bando sublevado lleno de miedos y dudas.

Y Milo Quifes es Carlos, el protagonista de la historia de 1932 que, justo antes de la Sanjurjada, es vetado del Casino de Granada por homosexual. Esta es la historia de La bola negra, las cuatro páginas que dejó escritas Lorca antes de ser asesinado el 18 de agosto de 1936 y a partir de la que Ambrossi y Calvo imaginan qué habría pasado si el poeta la hubiera terminado, qué habría pasado si ese manuscrito entero hubiera visto hoy la luz, a través del nieto de un amante.

“Era una obra sobre una decisión”, dice el personaje de Glenn Close en La bola negra, la película, sobre La bola negra, la obra de Lorca. Ella es una hispanista, una biógrafa anglosajona reputada (como Ian Gibson) que presenta un libro sobre el autor de Yerma en España y a quien acude Alberto, el personaje de Carlos González, para hablar del poeta. La decisión de aquellas páginas que dejó el granadino antes de ser asesinado era la que tenía que tomar el único personaje explícitamente gay de su obra: si elegía dar el paso y romper el silencio sobre su homosexualidad o si seguía callando.

En torno a ese dilema, a poder vivir libremente o hacerlo a escondidas, giran las tres historias cruzadas de la ambiciosa segunda película de Javier Ambrossi y Javier Calvo, con la que ganaron (ex aequo con Pawel Pawlikowski) el premio a la mejor dirección en el último Festival de Cannes. Una película que ya está revolucionando la vida a sus protagonistas, con los que nos reunimos vía Zoom en una calurosa mañana de julio.

Para Milo Quifes, que dejó de estudiar Biología en Granada en 2022 y en estos años ha publicado la novela Ultravioleta, este es su primer papel. Carlos González es el único de los tres que había trabajado con los Javis productores en Veneno y Mariliendre, y tiene en su currículum títulos como Maricón perdido o A una isla de ti. Miguel Bernardeau, por su parte, viene de dos años de ascenso desde la serie Querer y hasta la película La fiera.

Los tres están en un breve descanso, post-Cannes y pre-promoción de La bola negra, con ganas de reencontrarse en persona. “Que nos vamos casi un mes entero a USA”, les recuerda Carlos. Pasarán por Telluride, Toronto y también por San Sebastián, en la sección Perlas [ver pág. 55], antes de llegar a los cines en España.

Empecemos por ahí, ¿habéis asumido lo de Cannes y estáis preparados para lo que viene?

Carlos González: A mí me ha venido muy bien parar, la verdad. Y estoy con muchas ganas de verlos, de irnos juntos por donde toque y, sobre todo, ganas ya de que la película la vea el público que paga la entrada, ¿sabes? Tengo ganas de saber qué opina el verdadero público por el que hacemos en verdad todo esto, ¿sabes?

Milo Quifes: Cannes fue muy bien, fue un momento muy bonito compartido con ellos, con la gente que estuvo también en el cine viéndola y, pues, supongo que con lo que viene… cogiditos de la mano allá donde nos lleve la película.

Miguel Bernardeau: Y yo creo que en estos casos… “En estos casos”, como si hubiera vivido algo parecido a esto, pero para nada… Pero creo que justo antes de una promo grande siento que tienes que coger un poco de energía en intimidad, como pasar un poco de tiempo solo para luego poder disfrutar. Hay que tener energía para viajar y estar en estos sitios y disfrutarlo porque es lo que toca y es precioso.

¿Recordáis cómo fueron vuestras pruebas y qué pensasteis al leer el guion y que os dieran el papel?

Miguel Bernardeau: Yo hice prueba, así que no leí el guion hasta que me cogieron. Recuerdo que pensé que no me había salido bien la primera prueba que hice y estuve dos semanas esperando a que me llamaran para hacer otra, pensando que había perdido la oportunidad de mi vida. Estuve dos semanas machacándome absolutamente. Y luego, cuando me cogieron y me dieron el guion, lo leí y lloré muchísimo. Pero lloré las primeras seis, siete, ocho veces que lo leí, no sé, no podía parar de llorar.

Carlos González: Yo había trabajado con ellos, pero nunca me habían dirigido y teníamos como ganas. Ellos me decían “hay una película por ahí, un personaje…”. Y un día en su casa, bueno, en una pizarra que tienen de trabajo, veo mi foto ahí y les digo: “Chicos, ¿qué es esto?”. Y me sueltan con toda la tranquilidad del mundo que es el protagonista de su próxima película. O sea, imagínate, me caí redondo al suelo, lloré muchísimo porque deseaba mucho trabajar con ellos. Y cuando leí el guion, me acuerdo que estaba en Canarias, rodando una peli, un entorno bastante idílico… y, como dice Miguel, lloré no una vez, sino varias veces. Y sentí como una especie de responsabilidad porque es una película grande. Y a mí personalmente me llamó mucho la atención que el personaje era muy diferente a mí.

Milo Quifes: Yo me presenté a un casting que solo sabía que buscaban andaluces para un papelito y me presenté para quitarme los miedos delante de la cámara. Y con Eva [Leira] y Yolanda [Serrano] fui haciendo pruebas y me iban llamando y a la quinta me presentaron a los Javis y fue un desastre, lo hice fatal, pensé que hasta aquí, pero me preguntaron si sabía tocar el piano, dije que no y me dijeron: “Pues vas a tocar el piano”. Y como ellos, recuerdo leerlo y tener que parar y procesar y al acabarlo, lágrima viva… y pensar: “Ahora tengo que hacer esto”.

¿Y por dónde se empieza? ¿Os dieron los textos, algunas referencias, hubo ensayos?

Miguel Bernardeau: Recuerdo un mensaje suyo con películas como para momentos muy concretos. Esta película para esta escena, esta película para tu personaje, esta película para los soldados, esta película para… Me sorprendió mucho, la verdad, porque me gustaron mucho todas, todas eran muy raras, y no había visto ninguna.

Milo Quifes: No te sientas mal, Miguel, porque tampoco conocía ninguna [risas].

Miguel Bernardeau: Mi trabajo fue como quitarme de en medio y confiar, y probar, y se fue generando esa especie de energía, una magia entre las tres historias…

Milo Quifes: En mi caso, fue jugar con tus experiencias personales para poder sacar ese sentimiento que tienen en común con tu personaje. Conmigo los Javis han hecho mucho de psicólogos. Me han ayudado un montón a entender cosas mías, incluso preguntas que ni siquiera me había hecho sobre mí mismo y que me ayudaron un montón a la hora de construir o sacar de mí mismo para dárselo a mi personaje. Te dan esa seguridad y ese espacio para que tú te abras, para que tú investigues sobre ti mismo, sobre el personaje.

Carlos González: Yo creo que es imposible pasar por este tipo de proyectos o este tipo de textos, de historias con tanta herencia, sin que haya una transformación personal, incluso. Descubres cosas de ti y haces un trabajo que se puede comparar al terapéutico, de introspección y entender qué te une a ese personaje y, a través de esa unión, también aprendes cosas de ti.

La película habla de memoria, de identidad queer en casi un siglo, de legado, del poder del arte, de amor… ¿Qué mensaje o idea os atraviesa más?

Miguel Bernardeau: A mí ver cómo tu país, cómo tu cultura, tus amigos, tus primos, tus hermanos arden en llamas y se empiezan a matar me impresiona mucho. Pero también, siendo Rafael, no saber o no tener las herramientas emocionales para entender lo que te pasa con un hombre y poder quererle como tú quieres quererle por el contexto en el que estás. Como Miguel, empatizo con ello desde un lugar que me duele. Me toca, me da ternura, me da pena. Y al mismo tiempo siento que es una historia de amor la de Rafael con Federico, pero también de una huida hacia adelante, hacia la guerra.

Milo Quifes: A mí en concreto lo que me toca mucho de la película es la relación entre los hijos y los padres. La relación que tiene, por ejemplo, Alberto con su madre, ella con el padre, la relación que tiene mi personaje, Carlos, con sus padres, cómo estos a la vez intentan cuidar de su niño de cierta manera. Ese tipo de herencia educativa o herencia pasional que hay entre niño y padre.

Carlos González: A mí me llamaba mucha la atención –rescatando esto que dice Milo– que, a pesar de ser tres personajes distintos en contextos históricos diferentes, hay algo universal que tiene que ver con el deseo, el miedo, con la identidad, el amor o yo qué sé. Hay algo que de alguna manera une a estos personajes, incluido el de Miguel, a todos. Y a mí me emociona pensar en la transformación del amor, la libertad que tenemos ahora para podernos amar libremente, la transformación de lo no dicho, de las herencias, de lo callado, de lo que no se dice en las familias, entre los padres.

Cuando se cumplen 90 años del golpe de Estado, del asesinato de Lorca, esta película llega directa al gran público, a reivindicar y explicar lo que ocurrió.

Carlos González: Yo creo que los chicos han tenido la ambición y las ganas de hacer una gran película queer, porque como decía yo en Cannes: “Chicos, la historia de nuestro país también es queer”. Entiendo que haya como una responsabilidad queer, llámalo como tú quieras, pero es una película que habla de tantas cosas, está el amor, la muerte, la vida, el arte… ¡La transformista [por el personaje de Penélope Cruz, cupletista de los años 30]! Los Javis cogen y te meten todo.

Miguel Bernardeau: Yo he disfrutado mucho de estudiar, de revisitar la Guerra Civil. Me he dado cuenta de que sabía las fechas, los bandos, entendía ciertos momentos concretos, pero no entendía bien el momento sociopolítico que había justo antes de que explotara todo, tampoco alcanzaba a entender realmente el valor de lo mastodóntico que había sido el trauma general de nuestro país y cómo eso ha afectado a nuestra cultura y a nuestro casi ADN, a nuestra conciencia común. Y, de alguna manera, mientras lo estudiaba, conectaba, a nivel sensorial, con las historias que me contaba mi abuela sobre la guerra y sobre cómo esperaba a que sus hermanos volvieran de la guerra y nunca volvió ninguno. Había como una conexión directa con el personaje, como que lo tenía dentro de alguna forma. Que esta película ponga hoy como un espejo o dé como un empujón a entender más, a estudiar más sobre lo que ocurrió… A mí me parece muy potente que esta película salga en este momento. Y que tenga ese final…

Fotos: Getty Images

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