Una de las series que dejaron huella en los 70 regresa para cautivar a nuevas generaciones: La casa de la pradera nos lleva al corazón de la frontera, con las aventuras de la joven Laura Ingalls y su familia.
El término western suele evocar algo muy específico, ya sea por el cine clásico de Hollywood, John Ford y Howard Hawks, la revolución de Sergio Leone o las diversas oleadas de revisionismo hasta la actualidad, tu imaginación se llena de duelos bajo el sol y asaltos a diligencias. Incluso el éxito contemporáneo de la serie de Taylor Sheridan (Yellowstone y similares), aunque ambientada en la actualidad, retrata un mundo despiadado y violento, una frontera donde la ley y la civilización tienen límites. Sin embargo, una de las series western más famosas y seguidas era decididamente diferente: La casa de la pradera, emitida entre 1974 y 1983 (desde 1975 en España), se centraba en la vida de una familia normal en una granja remota de Minnesota, en la segunda mitad del siglo XIX. Los Ingalls –el padre Charles, la madre Caroline y sus tres hijas Mary, Laura y Carrie– ciertamente no podían presumir de una existencia serena y sencilla, atrapados como estaban en la rutina de la vida en la frontera; pero sus problemas, y aún más los de las hermanas, eran los mismos que los de los niños y niñas que veían la televisión.

Dirigida por Michael Landon, el actor que interpretaba al patriarca, y que ya había alcanzado la fama gracias a otra famosa creación del género, Bonanza, la serie se basaba en una saga literaria de gran popularidad en EE UU: las novelas semiautobiográficas escritas por Laura Ingalls Wilder entre 1932 y 1945. La serie se hizo inmensamente popular, y en especial el personaje de Laura –la hija mediana, alter ego de la autora– conquistó los corazones de muchos espectadores con su mezcla de generosidad, curiosidad y rebeldía. Melissa Gilbert, la niña actriz que la interpretaba, elegida entre cientos de aspirantes, se convirtió en una auténtica estrella. Cuando Netflix anunció la producción de una nueva versión, muchos se alegraron, esperando una mayor fidelidad a las novelas.
La nueva La casa de la pradera (que ya tiene una segunda temporada confirmada y en desarrollo) retrocede la historia: la familia Ingalls –Charles, Caroline y, por ahora, solo dos hijas, Mary y Laura– se muda al pequeño pueblo de Walnut Grove. Charles (Luke Bracey) es granjero, cazador y carpintero, pero también músico y viajero, sin miedo a embarcarse en nuevas aventuras. Su carácter, al igual que el de Laura, siempre se ha adelantado a su tiempo, desafiando a menudo las despiadadas reglas de la vida en el Salvaje Oeste. A su lado está su esposa, Caroline (Crosby Fitzgerald): amable y romántica, pero también práctica e ingeniosa. Y luego están Laura y Mary, hermanas y mejores amigas, muy diferentes entre sí, por lo que, inevitablemente, su relación estará marcada por alianzas y conflictos a partes iguales. Las casi desconocidas Alice Halsey y Skywalker Hughes también han sido elegidas entre cientos de candidatas. Y Melissa Gilbert, la estrella original, ha dado su aprobación, explicando que La casa de la pradera es “una historia atemporal, abierta a nuevas interpretaciones”.