Joel Crawford y Januel Mercado, los directores de La isla olvidada, se conocieron hace 20 años en DreamWorks y desde entonces son grandes amigos. Precisamente a partir de su amistad y el papel que Filipinas desempeña en sus vidas comenzaron a construir esta historia nostálgica y conmovedora.
Por Simona Carradori / Roberto Croci
La isla olvidada, la película número 53 de DreamWorks, construye una aventura alrededor del miedo a perder a alguien porque el tiempo borra su memoria. En el centro de la historia están Jo y Raissa, dos mejores amigas adolescentes en los 90 en Filipinas, que están a punto de separarse: Raissa se prepara para ir a la universidad en EE UU y Jo no puede aceptar la idea de que su amistad pueda cambiar. O peor aún, terminar. Durante su última noche juntas, las dos encuentran un pasaje a Nakali, una isla poblada por las criaturas mágicas y aterradoras de las innumerables historias que han escuchado en casa. Llegar a ese mundo parece ofrecerle a Jo la oportunidad de posponer su despedida, pero también esconde una cruel regla: cuanto más tiempo pasas allí, más se desvanecen tus recuerdos.
La historia surge de la colaboración entre los directores Joel Crawford y Januel Mercado, colegas en DreamWorks desde 2011. La isla olvidada es la primera película original en la que figuran como guionistas y directores, además de ser la más personal para Mercado.

Si tuvieran que resumir La isla olvidada en pocas palabras…
Joel Crawford: Representa el primer acercamiento de DreamWorks a la cultura filipina y es una película centrada en la amistad entre dos chicas que, tras crecer juntas, temen separarse. Hay comedia, acción e incluso aventura, aunque el corazón de esta película es la amistad y los recuerdos que evoca.
¿Por qué elegisteis ambientarla en Filipinas?
Januel Mercado: La cultura filipina forma parte de nuestro ADN. La esposa y los hijos de Joel son filipinos y yo soy filipino-estadounidense. La idea de reconectar con Filipinas, donde viví con mi familia de niño, era muy importante, tanto para la ambientación de la película como para transmitir mejor esta conexión. No había vuelto a la isla en años, y organizamos una gran reunión familiar. Fue un momento muy emotivo para todos.

¿Y por qué situarla en los años 90?
JM: Cuando se trata de contar historias, Joel y yo siempre nos basamos en lo auténtico de nuestra propia experiencia, los 90 fueron nuestros años formativos. Confiamos en que el público, sea quien sea y venga de donde venga, podrá conectar con la historia de forma auténtica.
JC: En los 90 no existían Instagram ni WhatsApp… Era agradable tener algo divertido y efímero, algo especial, un verdadero objeto de culto de los 90 como las Polaroids, que son una parte importante de esta película por una sencilla razón: un paquete de Polaroids contiene 12 fotos, así que había que ser muy selectivo con su uso. Celebramos el instante en que un objeto, al tener una historia detrás que le otorga significado, se carga, en cierto modo, de magia.
JM: Hay un hilo conductor en la película vinculado a los recuerdos: son los que dan forma a nuestra identidad y a la de aquellos con quienes la compartimos. Esas conexiones significativas nos definen y terminan determinando quiénes somos y nuestra perspectiva.