En La muerte de Robin Hood, Michael Sarnoski (Un lugar tranquilo: Día 1) da una vuelta oscura al mito del arquero de Sherwood, a quien da vida un crepuscular Hugh Jackman. Hablamos con el director.
Tras sorprender a la crítica con la crepuscular y entrañable Pig (2021) y dar el salto a las grandes producciones con la precuela Un lugar tranquilo: Día 1 (2024), Michael Sarnoski continúa explorando en La muerte de Robin Hood, su tercer largometraje, los principales temas que vienen atravesando su filmografía: la pérdida, el trauma y la posibilidad de encontrar un sentido a la vida tras la irrupción del desastre. Quizá por ello La muerte de Robin Hood, que arroja una luz muy diferente sobre un héroe popular convertido en icono cultural, no sea tanto una película sobre una leyenda como sobre el hombre que se halla oculto tras ella. Un tipo violento y de alma sombría, apesadumbrado por la culpa, que, en sus últimos días, debe hacerse cargo de las consecuencias de toda una vida bañada en sangre.
“Cuando pensamos en Robin Hood, la imagen que suele venirnos a la mente es la del arquero noble que roba a los ricos para ayudar a los pobres. Sin embargo, en un momento dado, me topé con una vieja cita de un texto histórico temprano que describía a Robin como una especie de ‘bandido asesino’”, explica Sarnoski vía Zoom. “Así que, interesado por la contracara de ese supuesto héroe, comencé a revisar muchas de las antiguas baladas de Robin Hood para encontrar elementos que encajasen con aquella idea. Y, sinceramente, no fue muy difícil: muchas de ellas resultaron ser brutales y horribles. Había una película ahí”.
EL CORAZÓN DE LA HISTORIA
Lejos del relato clásico de aventuras, el filme de Sarnoski cuestiona la imagen romántica del personaje para presentar a un Robin Hood derrotado que intenta lidiar con sus demonios tras décadas de crímenes y asesinatos. Para encarnar esta versión crepuscular y contradictoria del personaje, Sarnoski asegura que encontró en Hugh Jackman al actor ideal. “Lo hemos visto interpretar a varios hombres violentos –sin ir más lejos, en Logan, donde ya abordó la figura del héroe agotado–, pero este papel le permitía explorar, al mismo tiempo, el lado vengativo y brutal y el lado más sensible y meditativo”, explica el director. “Hugh es una persona tan encantadora y amable por naturaleza que su humanidad iba a terminar apareciendo inevitablemente. El reto consistía, por el contrario, en cómo contener esa humanidad hasta el momento adecuado. Es decir, no revelar demasiado del mundo interior del personaje antes de tiempo”, cuenta.

Gravemente herido después de una batalla, Robin Hood encuentra refugio en un misterioso castillo donde una mujer (la Hermana Brigid, interpretada por Jodie Comer) le ofrecerá una última oportunidad de redención. Más que en las hazañas del “héroe”, el corazón de la película, asegura Sarnoski, se halla en la relación que se va gestando entre ambos a lo largo del metraje. “Había algo muy íntimo en esa relación que quería analizar un poco más a fondo. Construí gran parte de la película alrededor de ese vínculo y de las posibilidades dramáticas que ofrecía.”, señala el director.
VIOLENCIA DESCARNADA
Si bien la violencia ocupa un lugar central en la película, Sarnoski buscó deliberadamente que el espectador se sintiera incómodo ante ella. “Quería que el público creyera al principio que iba a ver una película de acción de Robin Hood y que poco a poco empezara a romper con esa expectativa”, asegura. “La violencia tenía que resultar desagradable. Son personas siendo brutalizadas. No quería, bajo ningún concepto, que pareciera algo glorioso o triunfal.”
Una voluntad por desmontar el mito que también se refleja en la construcción de personajes como Little John, interpretado por Bill Skarsgård (It). Para el director, el personaje funciona como una prueba viviente de los daños causados por Robin a lo largo de los años. “Hablábamos de él casi como de un niño soldado. Robin lo reclutó siendo muy joven para introducirlo en este mundo violento”, expone. La presencia de una niña en la historia terminará enfrentando al protagonista a esa realidad. “Robin sabe cómo convertir a un infante en un monstruo, porque ya lo ha hecho antes. Pero, ¿será capaz de ayudar a que un niño se convierta en una persona sana, estable y libre de traumas?”.