La Odisea de Christopher Nolan ha vuelto a poner el poema de Homero en el centro del debate cinematográfico. Sin embargo, mucho antes de su llegada, otros cineastas ya reinterpretaron el viaje de Ulises desde perspectivas muy diferentes, demostrando que el mito sigue tan vivo como hace siglos.
La Odisea de Christopher Nolan ha devuelto a Homero al centro del cine contemporáneo, pero lo ha hecho sin limitarse a ilustrar el poema. La película retoma el viaje de Ulises, su regreso a Ítaca, el trauma de la guerra, Penélope, Telémaco, los dioses y los monstruos, pero reorganiza todos esos elementos dentro de una lectura más personal, oscura y moderna, centrada sobre todo en la culpa, las secuelas de Troya y la imposibilidad de volver a ser el mismo.
Por eso mismo se ha reavivado un antiguo debate en torno a la película: ¿cuánto se puede cambiar un clásico sin traicionarlo? En el caso de La Odisea, la pregunta resulta aún más interesante, porque el poema procede de una tradición oral: un relato transmitido, repetido, modificado y reelaborado a lo largo del tiempo antes de ser plasmado por escrito. En cierto sentido, cada nueva versión del viaje de Ulises forma parte de esa larga historia de transformaciones.
Nolan, por lo tanto, no es el primero en tomar el mito y reubicarlo. De hecho, algunas películas lo han hecho con aún más libertad, dejando de lado las túnicas, los dioses y el Mediterráneo para conservar únicamente la estructura subyacente de La Odisea: un hombre lejos de casa, una guerra a sus espaldas, un regreso difícil, encuentros que lo transforman y una pregunta que se repite constantemente bajo diferentes formas. ¿Qué significa realmente regresar?
La mirada de Ulises (1995)

En 1995, Theo Angelopoulos dirigió La mirada de Ulises, probablemente la reinterpretación más sublime y simbólica del mito que haya llegado al cine moderno. Aquí, Ulises no es un rey antiguo, no navega entre islas y monstruos, ni tiene que reconquistar Ítaca. Es un director griego, simplemente conocido como A, interpretado por Harvey Keitel, que regresa a los Balcanes en busca de tres rollos de película perdidos de los hermanos Manakis, pioneros del cine en la región balcánica.
El viaje recorre Grecia, Albania, Macedonia, Bulgaria, Rumanía, Serbia y Bosnia, y culmina en Sarajevo, en una Europa marcada por las guerras y la disolución de identidades. La Odisea se convierte así en una búsqueda de la mirada original: no un hogar por redescubrir, sino una imagen perdida, un recuerdo enterrado, quizá la esencia misma del cine. Es una reinterpretación alejada del relato de aventuras, pero profundamente homérica en la forma en que transforma el viaje en una prueba interior.
Angelopoulos utiliza a Ulises como figura del exilio y del testigo. Su protagonista cruza fronteras, lenguas, ruinas y fantasmas históricos no para regresar a un lugar estable, sino para comprender si aún queda algo que valga la pena preservar en la memoria europea. En este sentido, La mirada de Ulises demuestra cómo el mito puede sobrevivir incluso cuando casi todas sus huellas externas desaparecen. Ítaca, aquí, no es una isla: es la posibilidad de redescubrir un origen, tanto personal como colectivo.
O Brother!(2000)

Cinco años después, en el año 2000, Joel y Ethan Coen tomaron un camino completamente diferente con ¡Oh, hermano, ¿dónde estás?!. Si Angelopoulos convirtió a Homero en una meditación histórica, los Coen lo reinventaron como una comedia musical picaresca y surrealista ambientada en Misisipi durante la Gran Depresión. El protagonista, interpretado por George Clooney, se llama Ulysses Everett McGill: el nombre lo dice todo. Es un Ulises moderno, locuaz y vanidoso, que ha escapado de prisión junto con sus compañeros Pete y Delmar.
La película no sigue La Odisea al pie de la letra, pero multiplica las referencias. Everett quiere regresar con su esposa, Penny, que está a punto de volver a casarse. En el camino se encuentra con un profeta ciego, tres mujeres que evocan a las sirenas, un vendedor de Biblias tuerto que se convierte en una versión estadounidense del cíclope, además de políticos corruptos, predicadores, gánsteres, músicos y personajes propios del folclore sureño. El Mediterráneo deja paso a un río, caminos polvorientos, campos, emisoras de radio y canciones.
La gran virtud de los Coen reside en demostrar que La Odisea no necesita parecer antigua para seguir funcionando. Basta con conservar su estructura episódica, el deseo de regresar y la mezcla de astucia y desgracia para que el mito pueda transformarse en una película popular, cómica y melancólica. ¡Oh, hermano, ¿dónde estás?! es quizá la demostración más conocida de esa flexibilidad: la aventura de Ulises perdura incluso convertida en una balada estadounidense que mezcla góspel, bluegrass y humor absurdo.
Cold Mountain (2003)

En 2003, Anthony Minghella llevó a la gran pantalla Cold Mountain, basada en la novela de Charles Frazier, creando una de las reinterpretaciones históricas más lúcidas de La Odisea. El protagonista es Inman, interpretado por Jude Law, un soldado confederado herido que abandona el frente durante la Guerra Civil estadounidense para regresar a Cold Mountain, en Carolina del Norte. Allí lo espera Ada Monroe, interpretada por Nicole Kidman, sola para defender un hogar y una vida que la guerra ha hecho casi imposibles.
Aquí, las referencias ya no son monstruos ni deidades, sino la propia estructura del regreso. Inman es un veterano que atraviesa un país devastado, encontrándose con extraños, depredadores, aliados fugaces, peligros y tentaciones. Su viaje ya no es el del héroe griego en el Mediterráneo, sino el de un hombre exhausto que intenta volver junto a la mujer que ama tras ver el mundo derrumbarse a su alrededor. La Guerra de Troya se convierte en la Guerra Civil; Ítaca, en Cold Mountain; y Penélope, en Ada, una mujer obligada a transformar la espera en resistencia.
La película de Minghella es menos lúdica que la de los Coen y menos simbólica que la de Angelopoulos, pero precisamente por eso demuestra la fuerza más básica de La Odisea: regresar de una guerra nunca es simplemente un desplazamiento por el espacio. Es una prueba moral, física y emocional. Inman quiere volver a casa, pero el mundo que recorre le recuerda constantemente que nadie regresa siendo el mismo. Es la misma esencia que hace que el mito de Odiseo siga siendo tan perdurable: el hogar es el destino, pero el viaje transforma para siempre a quienes intentan alcanzarlo.