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Amir Bar-Lev dirige ‘La última gran escalada: El K2 en invierno’: “Existe la posibilidad muy real de no regresar a casa. ¿Es un precio justo?”

K2

La última gran escalada: El K2 en invierno relata el intento de subir a la cima del segundo pico más alto en el peor momento. Amir Bar-Lev recopila los testimonios de quienes lo intentaron y lo consiguieron en 2021 para trazar una reflexión que va más allá del montañismo.

El montañismo ha sido siempre una carrera por ser el primero. El primero en llegar a la cima, el primero en subirla más rápido, más veces, más picos, sin oxígeno, con oxígeno. Esta necesidad de sumar récords se ha agudizado en los últimos años y cada vez hay menos desafíos que completar.

Uno de los últimos que quedaba en este deporte extremo era escalar el K2 en invierno. En 2021, el islandés John Snorri junto al pakistaní Ali Sadpara se propuso lograrlo. Meses de preparación, inversión, esperanza. Cuando llegaron allí, en seguida vieron que no habían sido los únicos con la misma idea y el campamento base empezó a llenarse de expediciones profesionales e independientes, pero también comerciales.

Finalmente, fue el grupo del célebre y controvertido pakistaní Nims (tristemente fallecido este verano en Broad Peak) y su equipo quienes se llevaron la gloria, pero Snorri, Sadpara y el chileno Juan Mohr no se rindieron: el 5 de febrero desaparecieron. El 18 cesó la búsqueda y en julio de ese año encontraron sus cuerpos.

Tres años después, el cineasta Amir Bar-Lev se lanzó a la producción de La última gran escalada: El K2 en invierno, el documental que cuenta esta historia ampliándola con todos los puntos de vista implicados e intentando exponer todas las razones que les llevan a asumir estas aventuras.

“Lo que primero me atrajo fue la cuestión del riesgo. Vivimos vidas cada vez más cómodas y rebelarnos contra el letargo que nos ofrece la vida moderna me parece natural e incluso admirable”, explica vía email. “Por otro lado, existe la posibilidad muy real de no regresar a casa. ¿Es un precio justo, especialmente si eres padre o madre?”

Bar-Lev nunca pisó el K2 ni cuando esto ocurrió ni después, su labor ha sido la de recolectar todas las grabaciones que aquellos alpinistas hicieron en esas semanas de frío y tensión, hablar con todos los implicados posibles y recabar opiniones de expertos montañistas.

“La idea es que todos den lo mejor de sí mismos y que el público decida con quién se identifica, en qué puntos y cuándo”, comenta. Y, así, sin buscarlo, la película acaba siendo una reflexión sobre la propia labor documental y nuestra obsesión por la imagen.

“Vivimos en una era donde todo se documenta y gran parte se publica [en redes], y el montañismo no es una excepción”, cuenta. E incluso puede llegar a ser un problema, más gente ahí arriba, el efecto llamada… Ideas que resonaban mucho para el propio cineasta en su trabajo.

“El elogio típico para un documental es: ‘No puedo creer que hayas conseguido eso’. En el K2, las cámaras capturaban la belleza sobrenatural del lugar, pero también se sentían atraídas por el espectáculo y la cercanía de la muerte, que es la máxima expresión de lo que normalmente no se filma”, continúa. “¿En qué momento esto se convierte en voyeurismo? Quería analizar el papel de los narradores como yo a la hora de fomentar la toma de riesgos, en lugar de pretender que lo que hago se sitúa fuera de lo común”.

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