Animación en acuarela, la película es una exploración del crecimiento infantil que arranca con el bebé creyéndose un ente vegetativo para convencerse muy pronto de que en realidad es dios, hasta que comienza a descubrir el lenguaje, a sus padres, sus hermanos, el tiempo… Y es con tres años cuando por fin empieza a conformarse como la persona que será en el futuro.
Liane-Cho Han había leído el libro muy joven y reconoce que le conmovió profundamente. En 2018 se lo pasó a Maïlys Vallade. Y “casi por impulso” escribieron una carta a Amélie Nothomb. “Una semana después recibimos respuesta de la editorial que decía: ‘Nothomb, muy interesada’”, explican los directores.
UN ALMA HERMANA
Little Amélie, además de seguir la evolución física y psicológica del bebé protagonista, muestra la relación muy especial de la niña con Nishiosan, la joven cuidadora que estuvo con ella esos primeros años. “Es como su amiga, como un alma hermana, porque hay personas que influyen de manera particular y por motivos particulares también en nosotros. Creo que es la persona que la ayudó a mantener esa perspectiva de niña, que conectaba totalmente con todo lo que Amélie sentía”, explica la directora Maïlys Vallade.

El secreto del vínculo entre las dos es, según la directora y guionista, que Nishiosan trata a la pequeña Amélie como una persona “y quiere conocer su historia de verdad y entender cómo es y por qué siente esta facilidad para acercarse a ella y esta comprensión”. Es un encuentro —lo fue en la vida real de la escritora— que permitió a Amélie entrar en territorios que normalmente están escondidos para los niños. La pérdida, la guerra, la violencia y la muerte se van incorporando a las enseñanzas de vida de la pequeña durante esos tres años en Japón.
“Hay que hablar de estas cosas con los niños, porque si no hablamos de ello es como si lo borráramos y dijéramos que no hay conflictos en el mundo, cuando en realidad los seres humanos se construyen a partir del conflicto. La idea es mostrar que hay violencia y conflicto y que este, con una falta de comprensión, puede provocar muchas tonterías. Nosotros queremos poder explicar eso a los niños y somos muy militantes con este tema”, asegura la directora.
“Cuando nos acercamos a la representación de la guerra, la memoria traumática recorre la historia. En una película dirigida a una audiencia familiar no podemos permitirnos ser tan directos como lo es Amélie Nothomb en su novela, teníamos que encontrar un tono adecuado”, cuentan los directores, que apostaron por evitar imágenes violentas y sustituirlas por una evocación del pasado a través de imágenes simbólicas.
COLORES Y PROPORCIONES

Así, Little Amélie es un fascinante viaje de aprendizaje para el que Liane-Cho Han y Maïlys Vallade han utilizado preciosos dibujos en acuarela, en los que los colores y las proporciones van variando dependiendo de las estaciones del año y del crecimiento físico de la protagonista. “Nuestro deseo con ello es acompañar las emociones de Amélie, que evolucionan a lo largo de las estaciones. Amélie se despierta por primera vez al comienzo de la primavera”, dice Liane-Cho Han, que explica que es el momento en que la niña toca la felicidad con la visita de su abuela, que le regala una deliciosa barra de chocolate blanco, y conecta con Nishiosan. En esos momentos, todo es color, el color de la primavera con los cerezos en flor.
“Luego las cosas van un poco mal hasta el cumpleaños, cuando su mundo se vino abajo con la partida de Nishiosan y el descubrimiento de que ella y su familia algún día tendrán que dejar atrás Japón”, añade. “Para acompañar visualmente esta evolución, los propios colores se marchitan: al principio ácidos, saturados, se desvanecen gradualmente para tender hacia un mayor realismo”.