Stéphanie Magnin debuta como protagonista en Los creyentes, donde da vida a una joven que regresa a su pueblo para investigar la muerte de su madre.
Tras trabajar bajo las órdenes de Isaki Lacuesta (Segundo premio), Santi Amodeo (El cielo de los animales) y Salvador Calvo (La fiera), la actriz malagueña Stéphanie Magnin, hija de padre francés y madre italiana, debuta como protagonista en Los creyentes, un thriller psicológico de conspiraciones con un marcado tono paranoico ambientado en la verde y húmeda Asturias rural. Dirigida por Roger Gual (Smoking Room) y con guion de Darío Madrona y Carlos Montero, cocreadores de Élite, la película narra la historia de Ruth, una joven de 30 años que, tras la muerte de su madre en extrañas circunstancias, deja temporalmente Berlín para regresar a su pueblo natal.
Allí se reencuentra con su padre, Martín (José Coronado), un hombre huraño que desde hace unos meses parece obsesionado con una supuesta conspiración que, según él, amenaza a los habitantes de la comarca. Pronto, Ruth empezará a dudar de la cordura de Martín y a preguntarse si sus delirios podrían guardar alguna relación con la muerte de su madre.
Los creyentes no es únicamente un thriller de conspiración. La película habla, también, de lo difícil que es aceptar la pérdida de un ser querido.
Esta fue una de las cosas que más me gustaron del guion. Empaticé mucho con esa parte de la historia porque perdí a mi padre hace cuatro años y sé lo complicado que resulta enfrentarse a algo así. Por eso entendí que a Ruth, mi personaje, le surgieran todo tipo de dudas para intentar justificar su pérdida. Me pareció muy interesante cómo la película lleva ese conflicto emocional hacia el terreno del thriller.

¿Cómo fue el proceso de trabajo junto a Roger Gual, el director?
Trabajé muy a gusto a su lado. En una película emocionalmente tan compleja es muy importante tener a alguien en quien apoyarte para saber siempre hacia dónde ir. Roger disfruta jugando e improvisando, y le gusta hacer equipo con los actores. Nos dio el espacio necesario para encontrar juntos a los personajes.
¿Tuviste alguna referencia en mente para preparar tu personaje?
Roger me recomendó varias películas de suspense ambientadas en entornos rurales y protagonizadas por personajes emocionalmente rotos. Me gusta ver y leer cosas antes de empezar un proyecto, pero después también intento nutrirme mucho de los personajes que tengo alrededor y de la energía que se crea durante el rodaje. En realidad, lo que más me inspiró para construir a Ruth fue pensar constantemente que Martín (José Coronado) era su padre. Me preguntaba cómo sería crecer siendo la hija de alguien como él.
José Coronado es el otro gran protagonista de la película.
Es una persona con una trayectoria larguísima y, para mí, era una gran oportunidad estar al lado de alguien con tanta experiencia. Desde el principio me propuse fijarme en él y aprender todo lo posible del oficio. Le admiro muchísimo.

A lo largo de la película, Ruth atraviesa estados emocionales muy diferentes. Imagino que sería un reto trasladar a la pantalla la complejidad que el personaje tiene en el guion.
Sí. Y a eso se sumaba una cuestión importante: como los rodajes casi nunca siguen un orden cronológico, tuvimos que estar muy atentos al punto emocional en el que el personaje se encontraba en cada momento. Pero, más allá de lo interpretativo, la escena más complicada tuvo que ver con lo físico: en un momento dado tuve que meterme en un lago en pleno mes de marzo, en Asturias. El equipo de producción me cuidó muchísimo; fue entrar y salir muy rápido, enseguida entré en calor y todo salió perfectamente.
¿Qué tal la experiencia rodando en Asturias?
Guardo un recuerdo muy bonito de aquellos días. Al principio estaba muy concentrada, así que muchas veces terminaba de rodar y me iba directamente a descansar para preparar las siguientes escenas. Pero poco a poco me fui relajando y empecé a compartir más tiempo con el equipo. Cuando un rodaje obliga a todo el mundo a desplazarse fuera, como ocurrió en este caso, se crea una convivencia muy especial, casi como si fuese una familia. Desde el principio, los guionistas y Roger tuvieron claro que la historia debía suceder en Asturias porque el entorno rural del norte le aportaba a la película una atmósfera y un empaque visual muy particulares. Es un lugar precioso. Estoy deseando volver.