Es la pregunta que sobrevuela ‘Mis queridísimos padres’, una comedia francesa con Miou-Miou y André Dussollier como los progenitores del título que acaban de ganar la lotería, pero no pretenden compartir con sus hijos.
Emmanuel Patron y Armelle Patron son hermanos, dos de cuatro en una “feliz familia, de infancia alegre”, como el primero la define. “Hablando un día los dos sobre qué podría reventar esa idílica relación, ambos contestamos: el dinero”, recordaba el actor durante los Rendez-vous de Unifrance en París. A partir de esa reflexión los dos escribieron una exitosa obra de teatro, Chers Parents, en la que él, además, interpretaba al hermano mayor (“Lo he representado en más de 400 funciones”, agrega) en una familia dividida por un conflicto: los padres han ganado la lotería, pero se niegan a dar un euro a sus hijos adultos. “Desde la primera lectura de la obra, un productor nos dijo que ahí había una película, pero solo acepté vender los derechos si me dejaban dirigirla, sabía que era algo que yo no había hecho nunca, pero me sentía preparado para hacer”, continúa Patron.
Lo más complicado fue trasladar la historia del escenario a la pantalla. “Tardamos un año en escribir el guion de Mis queridísimos padres, no queríamos una película teatralizada, lo que funcionaba en la obra no tenía por qué funcionar en la película, la primera era muy cercana, un único espacio, aquí necesitábamos más… E incluso un final, que en el filme es distinto, nada que ver con el que primero escribimos”, admite el director debutante, pero veterano actor, que esta vez se quedó sólo detrás de la cámara.

La premisa, eso sí, sigue siendo la misma: ¿cómo reaccionan unos hijos adultos a que sus padres no compartan con ellos nada de su premio millonario porque prefieran dárselo a niños necesitados?
Miou-Miou y André Dussollier interpretan a esos «Mis queridísimos padres» del título, que viven en una bonita casa de la campiña francesa. Por sorpresa, convocan a sus tres hijos (interpretados por Arnaud Ducret, Thomas Solivéres y Pauline Clément), adultos, con vidas más o menos estables, entre nuevos trabajos, divorcios, estudios… Los vástagos creen que les van a decir que están enfermos, que se mueren, por eso la sorpresa es mayúscula cuando les cuentan que han ganado la lotería y, más aún, cuando por casualidad descubren el millonario premio del que no pretendían dar ni un euro para dedicarlo a la construcción de un orfanato al otro lado del mundo. La respuesta de los hijos es tan exagerada, como lógica, como egoísta, como irónica. Y plantea una pregunta directa que traslada a los espectadores: ¿cuánto dinero necesitarías para ser feliz? La respuesta es diversa, pero siempre marcada por la seña de identidad de nuestras sociedades occidentales… “Es la codicia”, responde Patron sobre el tema principal de Mis queridísimos padres. “Siempre queremos más. Es el hecho de que, de repente, el dinero puede cambiar tu vida por completo, creo que eso es lo que vuelve loca a la gente. Y el dinero también está ligado al poder. Para mí, esa es la clave”.