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Hablamos con Marcelo Martinessi, director de ‘Narciso’: “De la realidad son los discursos homofóbicos conservadores de la radio. Está exactamente como sucedió”

Narciso

Tras su debut multipremiado Las herederas, el director y guionista paraguayo Marcelo Martinessi estrena Narciso, drama histórico reconocido con el Premio FIPRESCI en la pasada Berlinale.

Narciso toma como punto de partida el asesinato sin resolver del locutor de radio Bernardo Aranda en 1959 para recrear el clima de opresión bajo la dictadura de Alfredo Stroessner. En esta entrevista, el realizador paraguayo Marcelo Martinessi ahonda en la homofobia del régimen, la memoria histórica, la contracultura rock y la libertad creativa que nace al hacer cine desde los márgenes.

Fuiste el primer director de la televisión pública de Paraguay. ¿Hasta qué punto esta película es un reflejo de lo que tú viviste?

Paraguay vivió una tradición de un mismo partido hace más de 60 años y a mí me tocó participar en el único gobierno que rompió con esa dinámica. Duró cuatro años. Hubo un golpe de Estado y la televisión pública resistió 80 horas sin reconocer al nuevo gobierno. Las tengo grabadas y en algún momento será un documental. Yo vengo de un lugar de mucho privilegio, así que siento que ese proceso me dio unas herramientas. No somos millonarios, pero siempre tuvimos salud y educación privadas, lo que me convierte en una persona absolutamente ajena a la realidad de mi país. En ese sentido, la televisión pública me hizo aterrizar.

En 2023, Pablo Larraín convirtió a Pinochet en un vampiro en El conde, en 2024, Robert Eggers estrenó Nosferatu, y este año pasado, Radu Jude trenzó en Drácula una variopinta selección de historias sobre Vlad el Empalador. Ahora eres tú el que has incluido en Narciso una pieza de radioteatro que adapta el clásico de Bram Stoker.

¿A qué crees que responde esta coincidencia?

En el caso de Larraín, Chile tiene mucho que ver con Paraguay. Ambas son sociedades sumamente conservadoras y los procesos con Pinochet y con Stroessner fueron similares. La figura de Drácula, en mi caso, me daba la oportunidad de retratar el vampirismo en el tejido social del país. Es un gran personaje, porque habla de la humanidad de manera fascinante. Yo me leo Drácula cada ciertos años porque es una novela muy cinematográfica.

¿Qué diferencias has sentido con respecto al rodaje de Las herederas?

Las herederas era una película mucho más controlada. Aquella fue mi ópera prima y, por supuesto, una reacción a todos los miedos que uno tiene cuando hace un primer largo, pero aquí he optado por ser menos estructurado y buscar una coralidad, porque estoy revelando a una persona a la que descubrimos a través de la mirada de los demás. Esta película se nutre del caos. Nosotros no tenemos una industria, pero ese desastre que hay en Paraguay, por suerte, es muy rico para hacer una película así. A esta industria que a veces es muy estática, muy planificada, muy predecible, Paraguay puede aportarle libertad.

En ese sentido, la película funciona como un caleidoscopio de testimonios que conforman el mito de Narciso. ¿Fue tu manera de compensar la falta de materiales?

Yo no quería encorsetar la película en el registro documental o en la literalidad. Lo único que traje de la realidad son los discursos homofóbicos conservadores de la radio. Está exactamente como sucedió, es memoria pura. Para mí es muy importante que la historia no quede ubicada ni que se crea que estamos hablando solamente de diversidad sexual, porque habla de los miedos que tenemos al futuro.

Cada generación se va volviendo conservadora conforme va cumpliendo años, de modo que la música que escucha la juventud la siente transgresora. ¿Cómo te acercas a la mirada escandalizada que arrojaron entonces al género del rock?

Hablé mucho con mis padres y con personas de Paraguay que ahora tienen más o menos 80 años para tratar de entenderlos. Me dijeron que solamente por escuchar rock, hacer teatro o trabajar en la radio, ya eran putos. Si te dedicabas a cualquier cosita que se saliera de la norma, de las tradiciones del país, ya eras considerado homosexual.

La película también pone en valor la música tradicional paraguaya.

A mí me fascina desde niño. No quería hacer una película que presentara el rock como aire fresco y nuestra tradición, de una manera nacionalista y espantosa. Me parecía importante que no dejara de sentirse que hay un afecto genuino a mi país y a esa música a pesar de que pueda haber una crítica a la reacción que la sociedad tenía ante el rock.

La señora que canta la canción paraguaya en inglés asume el nombre de una leyenda de la música tradicional, Chinita Montiel. ¿A qué se debe este tributo?

El dictador Stroessner mandó a Europa a un grupo de embajadores musicales que se llamaban Los Paraguayos y a uno que se llamaba Los Indios, a Asia. Mimi Monte es la hija de la vocalista, Chinita, y del integrante principal de Los Indios, Juan Alfonso Ramírez. Vivió en Japón y Filipinas, y fue incluso telonera de Michael Jackson. Ahora vive en Paraguay sin ninguna atención mediática. Me enteré de que sus padres hicieron una película en España en 1959, el año en el que transcurre Narciso, y el vestuario que usa Mimi es el que usó su mamá.

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