Crítica: ‘The Bear’ (2ª temporada)

The Bear

Por Elena de Torres

★★★★/★★★★★

The Bear nunca ha sido exclusivamente una serie sobre cocina o, mejor dicho, sobre cómo llevar un restaurante.

The Bear es una historia que sucede en uno, sin convertirlo en un simple decorado porque de por sí es un personaje – ¿cuántas series tienen como excusa un bar, un periódico o una comisaría que bien podrían ser otra cosa si hiciéramos un ejercicio de sustitución como espectadores? -; y cuyos protagonistas, que parecen solo saber hablarse a voces, están llenos de una humanidad escasa en el audiovisual.

Así, cuando en la primera temporada el equipo encuentra toda esa pasta escondida en botes de tomate, una empatiza y se alegra. No es el final. Sin embargo, teme al mismo tiempo que lo que esté por venir sea una temporada dedicada a poner nuevamente en pie el local.

Y así es, pero no hay decepción.

Sus elementos característicos permanecen: el caos, los chistes subidos de tono, la tensión del día a día, el correr del tiempo. Y la narrativa se afina, pero sobre todo se profundiza en sus maravillosos personajes. El gran poder de esta serie, el poder de las grandes historias.

Encontrar un ser humano parece ser una rara avis en el mundo audiovisual cuando todos somos autosaboteadores profesionales, inseguros en diversos campos y padecemos en mayor o menor medida el síndrome del impostor. Verse reflejado en el otro es una especie de acto de psicomagia, donde tus conflictos son los suyos y viceversa; y si su vida sigue, la tuya también. Como reza desde el principio de la temporada: «Cada segundo cuenta».

No son conflictos originales, pero no tienen por qué serlo. No aquí. Un hermano ausente, una madre que no sabe cómo querer a sus hijos, un chico que no sabe tener una relación y un trabajo a partes iguales… Son sólo unos ejemplos. La cotidianidad. La magia sin drones ni otros artificios, y aún así con momentos de tensión.

Inevitable acordarse de Una mujer bajo la influencia de Cassavetes en el capítulo 6, el de los siete peces y el flashback. La serie avanza hasta ahí lentamente, me planteo si es un atrevimiento decir «sin prisa pero sin pausa», y entonces coge el ritmo de la primera temporada. Quizá el motivo sean los dos capítulos de más que tiene esta temporada en comparación con la anterior. Para mí uno de sus grandes defectos.

En la pasada entrega de Premios de la Asociación de Críticos de Televisión de EE.UU. (TCA Awards), conocidos también como la antesala de los Emmy, uno de los galardones que se llevó The Bear fue el de comedia.

Uno la ve y se pregunta si ése es su género, si en realidad no es puro drama porque a veces, al terminar un episodio quieres arramplar con la nevera porque la vida no tiene sentido. Problemas del primer mundo, dicen. Entonces recuerdas esa maravillosa frase de Woody Allen: comedia = drama + tiempo.

La vida, vaya.

Lo mejor: El capítulo 7, Tenedores (Forks) con Richie

Lo peor:  El personaje de Claire

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