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‘Nuda propiedad’ es la nueva comedia negra sobre la crisis de la vivienda de Alberto Utrera: “Me pasó algo parecido con un alquiler, hace no mucho tiempo”

Nuda propiedad

Alberto Utrera (Uno equis dos, Desmontando a Lucía) aborda la crisis de la vivienda desde la comedia negra en Nuda propiedad, siguiendo a una pareja cuyo sueño de tener casa propia acaba convirtiéndose en una pesadilla.

¿Cómo nace Nuda propiedad?

La idea original fue de Carlos Soria, mi coguionista habitual. Me empezó a hablar de la vivienda y de una pareja que compraba una casa y comenzaba a obsesionarse con el vecino de enfrente. Ahí pensé: “Hostia, aquí puede haber algo muy divertido”.

Viéndola, recuerdas El pisito, de Azcona y Ferreri.

Claro. El pisito está ahí inevitablemente. Nosotros queríamos hablar de la situación actual, de algo que estamos viviendo muchísima gente, pero desde el humor. Porque al final, muchas veces, no queda más remedio que reírse de las propias miserias.

¿Cómo trabajáis Carlos Soria y tú?

Nos vamos pasando las escenas y tenemos una forma de escribir bastante parecida. A veces me llega una escena suya y empiezo a reírme yo solo. Lo más difícil es siempre encontrar el tono para que la película no quede descompensada.

Porque la película está entre la comedia y el drama.

Para mí la vida es drama y comedia todo el rato. Necesito la comedia para poder afrontar determinadas cosas y eso inevitablemente se ve en mis guiones.

Susana Abaitua y Maxi Iglesias están fantásticos como pareja.

Con Susana ya había trabajado y sabía que es una actriz que se la juega mucho. Con Maxi era la primera vez y me sorprendió muchísimo. El primer día de ensayos apareció prácticamente convertido en Lucas, su personaje.

Se metió de lleno en el papel antes de empezar a trabajar en la peli, ¿no?

Sí. De pronto se presentó como un tío callado e inseguro. Después, me dijo también que quizá Lucas debía tener menos peso visual que ella y aparecer muchas veces desenfocado. Me pareció increíble que estuviera pensando así en la construcción del personaje. Y además tenía todo el sentido.

¿Y cómo fue trabajar con los secundarios?

Una maravilla. David Lorente, Pepe Viyuela, Papo Churruca, Aten Soria… Cuando tienes actores así, que entienden perfectamente el tono, básicamente tienes que dejarles actuar.

Hay mucho Hitchcock en la película, empezando por La ventana indiscreta.

Sí, estaba muy presente desde el principio. También teníamos en mente Misterioso asesinato en Manhattan, de Woody Allen, por la dinámica de la pareja y por cómo se mueve la cámara.

Y hay homenajes directos a películas como Atraco a las tres o El gran Lebowski.

Sí. La escena de las cenizas es un homenaje consciente a El gran Lebowski, que es una de mis películas favoritas. Poder hacer esos homenajes me parecía precioso.

Juegas con las identidades y los personajes que no son quienes parecen, algo también muy hitchcockiano.

Sí, aunque siempre tienes la duda de si los giros van a funcionar. Cuando escribes te preguntas si el público va a acompañar a los personajes. Aquí nos la jugamos bastante.

La película es también muy política.

Se tocan muchas cosas del mundo de la vivienda porque es una realidad que tenemos delante: los alquileres, los caseros, la especulación, los fondos de inversión, la desokupación… Todo eso está pasando.

¿Hay algo de experiencia personal?

Muchísimo. A mí me pasó algo parecido con un alquiler, hace no mucho tiempo. Son situaciones que generan una sensación de desesperanza muy extraña.

El final es bastante triste: el sistema termina ganando.

Sí, porque el sistema nos está ganando. Pero para mí la película también habla de que quizá para encontrar tu casa no necesitas comprar una casa. Tienes a la persona que quieres al lado y tienes muchas cosas que no estás viendo.

La peli explora también los lugares oscuros hasta los que puede arrastrarnos la desesperación.

Sí, porque cuando te llevan al límite haces cosas que normalmente no harías. Los personajes ven cómo se van sus ahorros, sienten que algo raro está pasando y, desde esa desesperación, toman decisiones de las que muchas veces ni siquiera son plenamente conscientes.

¿Qué te gustaría que ocurriera después de que el espectador salga del cine?

Que haya pasado un buen rato y que luego piense un poco en lo que acaba de ver. Y, sobre todo, que funcione el boca a boca. Creo que es una película que necesita encontrar a su público.

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