Ian Ridley no pierde la esperanza de encontrar viva a su hija desaparecida hace 10 años. El protagonista de Causa Abierta, Patrick Brammall, nos cuenta todo sobre este thriller a contrarreloj.
Al comienzo de Causa Abierta, el ex policía Ian Ridley, que ahora es operador de emergencias, recibe una llamada de auxilio que podría conducir a la resolución de esa búsqueda. El australiano Patrick Brammall no solo vuelve a rodar en su país, vuelve al drama protagonizando este thriller que le coloca exactamente donde quería.
Has trabajado en dramas como Glitch, aunque el público te reconoce como actor cómico gracias al éxito mundial de tu serie Colin de cuentas. ¿Cómo afrontas la oportunidad de volver al terreno del thriller?
Volver como actor al otro lado e interpretar algo tan oscuro fue una experiencia increíble. Durante varios meses estuve en un estado mental muy intenso y como actor quieres explorar toda la variedad de emociones humanas.
Recientemente dijiste que ahora buscas explorar nuevos niveles de empatía. ¿Este papel te llevó precisamente al lugar que querías?
Ian es un hombre profundamente trágico y no pierde la esperanza. Carga con muchísimo dolor y es duro desde el punto de vista psicológico. No es solo un thriller. Esa fue una de las grandes razones por las que quise hacerlo. Además, ahora soy padre y descubrí que podía conectar de forma que antes no.

Causa abierta adapta la novela The Dispatcher. También tienes crédito de guionista. ¿Cambió la forma en que te acercas al personaje? ¿Tuviste la oportunidad o tentación de influir en el guion?
Leí el libro y me encantó. El guion era muy importante porque la audiencia no iba a interactuar con la novela. Tuve la suerte de trabajar con el director Christian Schwochow y todos confiaron en mí como colaborador. El guion era muy sólido y no tuvimos que preocuparnos por grandes cambios. Solo detalles como expresiones australianas.
Habías pasado seis años trabajando en una serie sobre la que tenías el control creativo junto a tu mujer Harriet Dyer. ¿Fue complicado volver a interpretar un personaje escrito por otra persona y ponerte a las órdenes de otro director?
Sí, y también fue liberador decir: “Este no es mi guion. No tengo que controlar todo. Solo tengo que ser actor”. Mientras interpretaba a Ian Ridley no tenía que ocuparme de nada más.
Una carrera consolidada en Australia, después el éxito internacional con tu serie y recientemente El diablo viste de Prada 2. Ahora vuelves a tu país con esta serie. Como creador, ¿aspiras a trabajar para Hollywood o a poder desarrollar proyectos con grandes recursos en Australia?
La industria del entretenimiento es más global que nunca. Las producciones estadounidenses ya no se ruedan solo en Hollywood, también en Irlanda o Australia y me gustaría alternarlo. Nos gusta escribir con voces australianas. Colin de cuentas es un buen ejemplo: con financiación estadounidense y australiana llevamos la serie a todo el mundo. El público está preparado para escuchar otros acentos y culturas. Tiene hambre de cosas diferentes.