Ambientada en un futuro lejano, Predator: Badlands sigue las aventuras de un joven Predator llamado Dek (interpretado por el doble de acción neozelandés Dimitrius Schuster-Koloamatangi, de 1,90 m de altura), que es enviado al exilio por sus congéneres a un planeta remoto y desconocido. Allí entabla una inusual amistad con una androide medio destruida llamada Thia (Elle Fanning). La película es la sexta entrega de la saga de terror y fantasía. Está escrita y dirigida por Dan Trachtenberg, que se dio a conocer en 2016 con Calle Cloverfield 10 y por ser el artífice del spin-off Prey (2022), que sigue ostentando el récord del estreno más visto de la historia en la plataforma Hulu, y de la posterior película de animación Predator: Asesino de asesinos, estrenada a principios de este año directamente en streaming.
¿Cuál es el punto de partida de esta nueva película de la saga? ¿Y dónde estamos?
La historia trata de Dek, el miembro más joven de un clan en el que todo gira en torno a la fuerza y el poder. Firmemente convencidos de que tener un eslabón débil entre ellos podría perjudicarles, el clan decide exiliar a Dek, quien aterriza en uno de los planetas más peligrosos de la galaxia, donde, para ganarse el respeto de sus habitantes, deberá dar caza a su adversario definitivo, una entidad a la que aparentemente es imposible de matar. Se trata de una historia llena de aventuras y acción, al estilo de La isla misteriosa, Simbad, King Kong o de alguna de esas viejas películas de Ray Harryhausen. La diferencia es que, en lugar de seguir las hazañas de un grupo de humanos catapultados a otro mundo, acompañamos a un monstruo loco que se topa con una chatarra cibernética, concretamente con el tronco de un robot interpretado por Elle Fanning. Juntos se embarcan en la búsqueda de lo que necesitan.

¿Podemos decir por fin que Predator se ha vuelto bueno?
Más que bueno, es un antihéroe obligado a superar obstáculos increíbles. Es un poco como Mad Max o el hombre sin nombre interpretado por Clint Eastwood en la trilogía del dólar de Sergio Leone.
Has mencionado a Leone. ¿En qué otras películas te has inspirado?
Tiburón, de Steven Spielberg, por la forma en que crea y genera tensión en el espectador. Es una de mis películas favoritas; es terrorífica, aunque tampoco diría que es de miedo. Es más bien dramática, atractiva, sincera y auténtica; la criatura es la protagonista absoluta y sobresale en todo. Lo mismo ocurre con nuestro Predator, que, a pesar de ser feroz, despiadado y mortífero, consigue mostrar un lado irónico. También he incluido referencias al videojuego Shadow of the Colossus, que me parece melancólico e innovador. En él, tienes que resolver batallas y combates como si fueran rompecabezas. Más que fuerza bruta, requieren paciencia e inteligencia.
¿Y es cierto que algunos elementos recuerdan a la saga Alien?
Thia, el personaje interpretado por Elle Fanning, es una sintética construida por Weyland-Yutani, el principal antagonista de la saga Alien.

En cuanto al estilo de la película, ¿te viste influido por las entregas anteriores de Predator?
La estética de todas las películas de John McTiernan me influye mucho, no sólo la de Predator. Sus películas eran estéticamente muy brutales, pero también elegantes e innovadoras. Muchos copiaron su estilo en películas de acción posteriores. Me refiero a esos planos con cámara en mano y sesgo documental, un rasgo clásico suyo que, quizá, está influido por las películas de los años 70. Siempre he intentado recrear la estética anamórfica característica de Jungla de cristal y La caza del Octubre Rojo, películas que, aunque no sean de ciencia ficción, para mí representan la quintaesencia del género. También intenté recrear el naturalismo simbólico de las películas de Terrence Malick. Quería tener la sensación de estar rodando una serie documental tipo Planeta Tierra cuando estuviéramos en este mundo alienígena. También nos ayudaron los exteriores que rodamos en localizaciones de Nueva Zelanda. Algunos de sus paisajes parecen de otro planeta, aunque en ocasiones los hayamos acentuado digitalmente. Es imposible no pensar en la película Hasta que llegó su hora, de Sergio Leone, que tuvo una gran influencia en mi trabajo. En este caso, la secuencia inicial sin diálogos está compuesta por muchos bloques narrativos de otras películas de Predator.
Fotos: Getty Images