Rebecca Zlotowski (Los hijos de otros) dirige a Jodie Foster en Vida privada, sobre una psiquiatra que investiga la muerte de una paciente. El primer papel importante de la actriz en su segunda lengua: el francés.
Como quien lanza un mensaje al mar en una botella, con dudas de que llegue a ser leído, pero una ilusionada, vaga esperanza, la directora parisina Rebecca Zlotowski le envió el guion de su ópera prima a Jodie Foster. Sabía que la actriz californiana hablaba francés a la perfección y había fantaseado con que interpretara a la madre del personaje de Léa Seydoux en una secuencia de Bella espina (2010). Nunca recibió respuesta. El “sí, quiero” de la estrella ha llegado 15 años después, pero para un papel principal, el de su thriller de suspense cruzado con drama familiar Vida privada.
“Jodie podía haber sido la heroína de cualquiera de mis películas, lo interesante es pensar por qué ha accedido a este proyecto en concreto. Me parece una persona que ha sido muy selectiva a lo largo de toda su carrera. Su filmografía puede considerarse como un discurso, así que Vida privada ha pasado a ser parte de su relato”, se enorgullecía Zlotowski en la última edición del Festival de San Sebastián, donde participó en la sección Perlas.
En este procedimental que recuerda en su humor a propuestas como Misterioso asesinato en Manhattan (Woody Allen, 1993) y la serie Solo asesinatos en el edificio, Foster da vida a una psiquiatra que emprende una investigación sobre el suicidio de una de sus clientes. El punto de partida fue una imagen paradójica, la de una terapeuta que rompe a llorar al escuchar a una paciente, en lugar de viceversa.
Durante la presentación del largometraje a concurso en Cannes, el director del festival, Thierry Frémaux, la definió como una comedia disparatada, un apelativo que remite al imaginario del cine del Hollywood de la época dorada, “un tanto hipócrita, porque se servía del humor para saltarse la censura de la época e introducir sensualidad en la pantalla. Aquí también jugamos con el doble sentido: vida secreta implica acceder a la intimidad, pero también remitimos a algo más sombrío, pesado e incluso criminal, con pistas falsas que nos permiten profundizar en temas como la responsabilidad y la culpa”, desarrolla la cineasta.
El personaje de Jodie Foster tan sólo tiene una secuencia en toda la película en su lengua materna. Es la que comparte con su compatriota Frederick Wiseman. Rebecca Zlotowski define al veterano director de documentales como su “musa” a quien ya convirtió en un ginecólogo en su anterior filme Los hijos de otros. “Vive en París, es mi vecino y puedo decir que hace honor a su apellido, porque es un hombre sabio. De hecho, físicamente se parece a Yoda –sonríe–. Por un lado, su presencia me permitía el diálogo entre dos leyendas del cine; y por otro, añade una capa política, ya que Frederick ha consagrado su existencia a documentar las instituciones americanas, y quería filmarlo y dejar constancia de su labor en un momento en el que la democracia en su país se halla amenazada”.