Estrenada en el Festival de Cannes, Pillion, ópera prima de Harry Lighton, lleva meses ganando ruido como una de las películas más divertidas e interesantes del año.
Inspirada en el libro Box Hill, de Adam Mars-Jones, Pillion es la historia de un buen chico gay, que vive con sus padres, canta en un grupo a capella, que conoce de repente al líder de un banda de moteros sadomaso. Este último, Ray, decide tomar a Colin como su sumiso, introduciéndole en un mundo totalmente nuevo para él.
Sin quedarse corto en la presentación de este mundo del BDSM, de los moteros en cuero (muchos de los de la banda que salen son de verdad parte de un grupo de moteros inglés), sin esconder los momentos de sexo, Pillion es en realidad una tierna historia de amor entre dos personajes muy opuestos, es casi una rom-com (dom-com, la llama su director y protagonista) que subvierte los códigos al usar los de las prácticas y acuerdos del sadomaso.
Una película divertida y emotiva que no cae en lo grotesco ni en lo macabro y en la que Alexander Skarsgard como el dominador y Harry Melling como el sumiso están maravillosos.

Después de muchas idas y venidas, rumores, el actor sueco finalmente pasó por Valladolid para la presentación de Pillion en una rápida pasada que revolucionó el Festival.
Llegó en la noche del domingo para acudir al pase oficial de Pillion en Seminci, donde aprovechó para posar con uno de sus nuevos looks de cuero con los que está animando la promoción de la película desde que la presentaran en Cannes el pasado mes de mayo.
Esta mañana, además, ya con un look mucho más relajado, acudió junto a Harry Lighton a la rueda de prensa, antes de abandonar la ciudad.
Una visita fugaz, pero agradecida por el Festival y el público pucelano, con una película, además, que, como él mismo explicó, no ve arriesgada, sino muy original. Amén.
