Después de su paso por Las abogadas y Sigue mi voz, Sofía de Iznájar estrena su primer papel protagonista en Pioneras: Solo querían jugar. Decidió que quería ser actriz un día de playa cuando era una niña, y el plan tenía que funcionar porque no había otro.
“Esto va en serio”. Son las cuatro palabras que Sofía de Iznájar (Madrid, 2001) le dijo a su madre un día cualquiera de vacaciones, con solo 12 años, y las mismas que la han traído hasta aquí. “Lo recuerdo perfectamente, estábamos en la playa, yo me había apuntado a clases de teatro y lo tuve clarísimo”, explica. Madrileña de nacimiento, no tuvo que pasar por el trago de dejar su ciudad para estudiar: enseguida la apuntaron a la escuela de Cristina Rota. Como ya había avisado que lo de ser actriz no era ninguna broma, hizo el bachillerato a distancia para poder continuar con su formación y, antes de cumplir los 20, ya había terminado la carrera.
Sus inicios los recuerda nítidamente porque no hay que remontarse muy atrás. Cuando se realizó esta entrevista, Sofía aún no había cumplido 25 años y, aun así, ya estaba en disposición de contar batallitas de su etapa como artista cabaretera en La Escalera de Jacob. Y no fue una de esas oportunidades que se atrapan, sino de las que se crean: “Con mi mejor amigo, Mauro Dicco, que es músico y actor, formamos una compañía que se llama Libertinas y lo que hacíamos era cabaret. Estábamos muy frustrados los dos con la idea de que los músicos estuvieran como muertos en escena. Entonces fue cuando montamos Escalera Cabaret: había clásicos del rock y del blues y otra actriz y yo los interpretábamos con diferentes sketches. Estuvimos un año entero, era muy divertido y cada fin de semana había invitados”.

VERÓNICA ECHEGUI AL RESCATE
Revisando su incipiente trayectoria parece que todo empieza en la televisión, pero Sofía interrumpe la conversación para aclararlo porque no se olvida de quién le ofreció su primer proyecto, Tótem Loba (2020). Detrás de la cámara estaba la fallecida Verónica Echegui, que rodaba entonces su primer y único cortometraje como directora, por el que ganó el Goya. “Me curtí bastante porque fue una semana entera de rodaje y aprendí muchísimo en ese momento. Además, fue realmente relevante porque así conseguí representante y empezaron a llegar los castings; unos salieron y otros no”, recuerda la actriz.
Entre los que sí salieron estuvieron la serie Las abogadas (2024) y la película Sigue mi voz (2025), dos proyectos que tuvo que compaginar con su trabajo en una panadería. Llevaba allí tres años cuando, después de otro de tantos castings del que salió sin demasiadas expectativas, consiguió por fin su primer papel protagonista. Era Pioneras (estreno en cines el 5 de junio) y a este tendría que dedicarle todo su tiempo.
“No me lo creía. Estaba muy contenta cuando recibí el proyecto, pero no me emocioné en ese momento; me emocioné realmente cuando llamé a mi jefe para dejar el trabajo. Me había tratado muy bien, me dijo que se alegraba mucho, que era lo que tenía que pasar. Al colgar, lloré mucho. Caí entonces, cuando di el salto a poder dejar el trabajo”, nos cuenta.
Pioneras: Solo querían jugar, dirigida por Marta Díaz (Mi querida cofradía), nos devuelve un episodio poco contado de la historia de España. En 1970, un grupo de chicas aficionadas al fútbol se cruzó con un visionario y audaz promotor deportivo (Daniel Ibáñez, Segundo premio) que vio claro lo que en pleno franquismo parecía un absoluto delirio: organizar el primer partido de fútbol femenino. Contra todo pronóstico, esquivaron el sistema y pusieron la primera piedra de un largo camino. “No conocía la historia y me sorprendió muchísimo todo lo que tuvieron que superar y lo imposible que parecía algo tan sencillo para ellas como jugar al fútbol, pero también me enganchó la relación que tiene mi personaje con su madre”, recuerda.
En el equipo también juegan otras actrices casi debutantes como ella: Bruna Lucadamo, Nora Otxoteko, Leire Aguiar, Lorea Carballo y Miriam Rubio. Aixa Villagrán interpreta a Maratón, un personaje basado en una periodista deportiva real que, hasta entonces, se escondía bajo un pseudónimo masculino.
Sofía encarna a Nati, una de las jóvenes más destacadas de este equipo. Las escenas de fútbol de la película no escatiman en emoción ni en detalles, así que las dotes interpretativas no eran suficientes. “En el casting había un balón y nos pidieron ropa deportiva. Esa semana jugué muchísimo al fútbol en el parque. De pequeña jugaba mucho, pero de mayor no había seguido. Un amigo actor que antes era futbolista me ayudó muchísimo con la técnica y con todo lo emocional que tiene el fútbol”.
CIRUELAS CLAUDIA

De Nati, su personaje, Sofía ha heredado la afición. Después de la experiencia del rodaje y de su emocionante paso por el Festival de Málaga, ella y sus compañeras no querían dejar esta etapa atrás del todo, así que han formado, esta vez de verdad, su propio equipo de fútbol: Ciruelas Claudia. “¡Es que están buenísimas!”, dice refiriéndose a la fruta que les da nombre. “Aún seguimos, somos ya unas 24. El nombre lo puse yo, era eso o Melones Cantalupo. No somos muy buenas, pero lo pasamos genial”.
Sofía y Nati no solo comparten esta nueva pasión. La actriz reconoce que hubo algo que le resonó profundamente cuando leyó el personaje y con lo que se sintió muy identificada: “Tiene una situación complicada en casa y piensa que lo único que se le da bien es el fútbol, y me reconozco en esa sensación de no saber hacer otra cosa”.
Por eso, de momento, no tiene otro plan para su futuro. Dice que durante la adolescencia vivió esa idea con cierta frustración, pero que con el tiempo la ha convertido en un motor para seguir adelante con su propósito. “Es algo que yo misma he decidido y me impulsa a no mirar hacia atrás”.
En su horizonte ideal, Sofía se imagina compaginando el cine con la creación teatral. De hecho, ya tiene entre manos un proyecto que la ilusiona especialmente: “Acabo de terminar de escribir una obra de teatro que estreno en 2027. Es un monólogo, un bufón contemporáneo, muy macarra, bastante cañero, muy divertido también; un poco grotesco, pero muy divertido. Se llama Elegantes costumbres”.
El día que descolgó el teléfono para dejar la panadería, Sofía daba el primer paso hacia un futuro, para bien o para mal, irremediable, porque siempre ha sabido que no había plan B. “Me da un poco de vértigo, pero nunca he tenido otra opción. No me planteo otra forma de vivir ahora mismo”.