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Una cena de amigos se convierte en un repaso vital en ‘Solos’, de Guillermo Ríos: “Es una comedia irónica, pero hay mucho drama detrás”

En Solos, de Guillermo Ríos, una cena entre amigos se convierte en un cumpleaños existencial cargado de amargura, con su poquito de crisis de los 40 y tantos y su replantearse qué estoy haciendo con mi vida.

Guillermo Ríos (Solo una vez) estaba terminando el rodaje de Bajo un volcán, en el que se había encargado de la dirección de producción, y tenía ganas de dirigir. Recuerda que estaba en el típico momento de “dame cualquier cosa que yo lo voy a hacer bien”. Fue entonces cuando le llegó la propuesta de ponerse al frente de Solos. Producía Eduardo Campoy (su película número 100 como productor) y el guion, una adaptación de la novela homónima de Paloma Bravo, lo firmaba Manuel Gancedo. Más allá de ese “dame cualquier cosa”, a Ríos la historia del que iba a ser su segundo largometraje también le atrajo: “Había algo que tenía mucho sentido con mi trayectoria como director de cortometrajes de temática social, donde siempre estaba ese lado humano y algo profundo. En este caso, el análisis de la soledad emocional, esa sensación de estar acompañado, pero aun así nos sentimos solos”.

Solos es la historia de Javi (Carlos Santos) y Elena (Kira Miró), una pareja que organiza una cena en su casa por el cumpleaños de Javi. Como invitados acuden dos amigos, Tomás (Salva Reina) y Ana (Elia Galera), y lo que apuntaba a celebración acaba convirtiéndose en un intercambio de insatisfacciones, verdades incómodas lanzadas sin tacto alguno y una buena dosis de amargura según se van poniendo sobre la mesa temas como el sexo, la pareja, el trabajo o la muerte. Y lo que, a priori, arranca como una pataleta superficial de la crisis de los 40 y tantos va cogiendo cuerpo y profundidad. “La novela tenía una clave inicial irónica y cómica, que se respetó en el guion, que muestra cómo entre los amigos se sueltan bromas que en cierta manera son hirientes, pero lo hacen porque son muy cercanos”, cuenta Ríos.

“Yo creo que ese humor cotidiano también lleva a una vulnerabilidad emocional muy interesante porque es donde empiezas a tocar teclas que, a lo mejor, desconocías y que necesitabas sacar afuera”. Ese ir verbalizando verdades que uno no se había contado hasta entonces plantea una suma de problemas que nos van ofreciendo distintas perspectivas. La realización acompaña a sentir esas perspectivas y de una mirada exterior inicial pasa a sentarnos a la mesa con ellos. “El punto de vista se va casi a cámara, termina siendo una mirada subjetiva y está hecho aposta para empezar a ver el problema de frente”, explica. Y con los actores, lo que trabajó fue la naturalidad: “Era fundamental y que, de ahí, surgiera la comedia y el drama porque esto es una comedia irónica, pero hay mucho drama detrás”.

Para contar todo esto, el equipo de Solos tuvo tres semanas de rodaje, una de ensayo, y, salvo escenas contadas, todo transcurre en una misma localización: la casa de Elena y Javi.

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