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Sonia Almarcha: “Quiero contar cosas para darles visibilidad y despertar conciencias”

Sonia Almarcha lleva más de 30 años actuando y la suya es una trayectoria de grandes personajes de reparto en cine, teatro y televisión, con algún que otro protagonista, a los que ahora suma sus interpretaciones en A la cara, de Javier Marco, y en Yo no moriré de amor, de Marta Matute, Espiga de Oro del Festival de Málaga.

Por edad y género, Sonia Almarcha (Pinoso, 1972) estaría en ese momento en que los personajes interesantes escasean. Sin embargo, la vamos a ver en dos papeles de esos que se te agarran a la memoria. En A la cara es Lina Gallego, una periodista que se presenta en casa de uno de sus haters para que le diga las burradas que le escribe en redes sociales. En Yo no moriré de amor es una madre que se desdibuja por una demencia. Cree que es una mezcla de suerte y de recoger lo sembrado: “Tiene que ver con una trayectoria donde he apostado por este tipo de trabajos y por hacer las cosas de una determinada manera”, dice por teléfono. Si ha podido decir que no en pantalla ha sido gracias al teatro. Asegura que ha hecho personajes maravillosos sobre las tablas que se han sumado a otros en cine (la vimos en Marco o El buen patrón, por la que fue nominada al Goya como actriz de reparto), series y cortometrajes (“Me flipan, contar una historia en poco tiempo es muy difícil”).

A la cara nace de un corto, ¿te sorprendió cómo continuaba la historia?

Desde el corto hasta el largo hubo muchas versiones de guion. Manolo [Solo] y yo tuvimos contacto con Javier [Marco] y Belén [Sánchez-Arévalo], que lo estaban escribiendo. Había algo de estrujar la historia de los personajes, de entender por qué esta señora es capaz de hacer lo que hace y por qué este señor es un hater para pedirle explicaciones y los dos acaban conviviendo. Nos interesaba contar todos los grises que hay en una relación a priori imposible y explorar cómo, desde el dolor hasta que pueden mostrarlo, hay un encuentro de dos seres humanos y una empatía y eso transforma. Lo delicado era ver cómo pelar a esos personajes para que se entendiera que llegaran a un encuentro.

El punto de partida de esta historia es el odio en redes sociales. Desde el corto hasta el estreno de la película han pasado seis años y la cosa no ha mejorado.

La cosa es qué mueve a las personas a tener esa agresividad desde la impunidad de las redes sociales. Creo que tiene mucho que ver con lo que está pasando: hay mucha violencia, es un mundo bastante hostil y las redes permiten sacar esa frustración sin que pase nada. En cambio, cuando ves a la otra persona es más difícil.

Te veremos también en mayo en Yo no moriré de amor. ¿Qué te atrajo de la historia?

Me llamó Marta [Matute] y me contó el proyecto, cómo era el personaje, lo que quería hacer con él y me volví loca de amor por esta mujer. El guion te atravesaba el alma y fue un sí rotundo. Hacer un personaje así es un reto increíble y te da mucho susto, pero uno de mis motores como actriz es hacer cosas que no sé hacer. Solo le pedí tiempo para prepararme e ir a sitios para estar con gente con esta enfermedad.

¿Cuál ha sido el mayor reto?

Que no vieses a una actriz ‘haciendo de’, que vieses a una enferma con una demencia frontotemporal, que tiene una afasia, Parkinson, que el cuerpo se va poniendo rígido y se va doblando. Me preocupaba mucho esa mirada que tienen.

La historia de esta madre que cae enferma pone sobre la mesa los cuidados y la falta de ayudas.

He tenido la suerte de no tener una enfermedad de este tipo en mi familia, pero sí he pasado por cuidados con mis padres y he visto lo que significa en tiempo y esfuerzo y cómo tiene que ser vocacional porque es muy duro. Cuando mis padres llegaron hacia el final, ir a una residencia, aunque la pudieras pagar, que es carísimo, era dificilísimo. Hay una carencia de medios, económica y de personal para asistir. Es una locura y, además, tenemos una sociedad cada vez más mayor, hay menos gente joven y no lo estamos cubriendo.

A la cara y Yo no moriré de amor tienen un fuerte componente social. ¿Buscas estos temas?

Sí, me interesa meterme en todos los jardines donde el cine tenga algo que aportar. Llevo muchos años eligiendo cosas que quiero contar no por el hecho de denunciar, sino por darle visibilidad, que pueda despertar conciencias.

En ese buscar personajes que te supongan un reto, siendo actriz y mayor de 50 años, ¿sigue habiendo papeles?

Desde hace unos años, me llegan personajes muy bonitos, que tienen cosas que contar, pero hay pocos para mujeres, sobre todo a partir de los 50. El 90 y pico por ciento de compañeras de mi edad se han quedado en el camino porque no pueden vivir de esta profesión. Se ha avanzado muchísimo, ya solo que se hagan pelis que apuesten por la visibilidad de este tipo de personajes es un logro porque hace años decían que no interesaban, pero queda por hacer.

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