Javier Bardem en Cape Fear es una mezcla de sus dos predecesores como Max Cady en pantalla: Robert Mitchum y Robert De Niro.

La primera adaptación a la pantalla del libro, El cabo del terror (1962, disponible en Prime Video), desafió la censura imperante por entonces en Hollywood retratando a Cady como un violador y pederasta en serie, y dejando claro que la verdadera presa del monstruo no es el abogado Sam Bowden (Gregory Peck), que testificó contra él en un juicio, sino la hija de 14 años del letrado. En su piel, Robert Mitchum resulta tan inquietante como en la del psicópata al que encarnó en La noche del cazador (1955), aunque matiza su típica indolencia lacónica y tóxicamente viril a base de magnetismo erótico. La tensión sexual que el actor desprende aquí es tan intensa que, cuando Cady arrincona a la esposa de Bowden en la cocina, el huevo que ella aplasta sobre su pecho desnudo parece a punto de freírse.
La interpretación que Robert De Niro ofrece en El cabo del miedo (1991, disponible en Prime Video) es pura furia desatada, una encarnación casi demoníaca de la venganza y la manipulación. Su capacidad de intimidación se basa en su fisicidad: su cuerpo parece ser exclusivamente de músculo, y sus tatuajes en buena medida corresponden a versículos bíblicos e imágenes simbólicas que proclaman a gritos su obsesión, pervertida por su mirada sociopática, con la justicia y la retribución. Este Cady se ve a sí mismo como un instrumento para el castigo divino, alguien destinado a “equilibrar la balanza” después de que Bowden se negara a defenderlo de forma justa y adecuada.

Por lo que respecta al Max Cady de Cape Fear, asegura su creador, combina los rasgos de esos dos predecesores. “Quisimos que poseyera tanto la sensualidad del primero como la fiereza animal del segundo, y no se nos ocurrió ningún otro actor vivo que pudiera encarnar esa combinación mejor que Javier Bardem”. Asimismo, añade Antosca, la serie crea un trasfondo más específico para el personaje. “Hemos querido entender de dónde viene y qué ha perdido, y conectar así con su dolor. Acaba convirtiéndose en el villano que todos esperamos que sea, pero para ello completa un largo recorrido emocional. Y, entretanto, nos da miedo y también nos hipnotiza. Es un depredador, sí, pero uno hermoso e irresistible”.
