Anna Castillo es Bárbara, está frustrada, deprimida, pero también es egoísta, narcisista y cruel. Es la protagonista de Se tiene que morir mucha gente, un ácido y divertido retrato sin paternalismos de la amistad y la salud mental creado por Victoria Martín a partir de su propia novela.
Se tiene que morir mucha gente nació primero como una serie, no salió adelante, la convertiste en una novela y ahora esa novela… es por fin una serie… ¿estás cerrando un círculo?
Sí. La serie se llamaba Los nuevos 20, la intentamos vender, no pudimos y la transformé en una novela (ed. Plaza & Janés), lo adapté todo de cero, ya había pasado mucho tiempo y yo era otra persona, cambiaron las tramas, los propósitos de los personajes… Ha sido un proceso rarísimo. Después me reuní con Movistar y empezamos a desarrollar la serie y ha sido muy guay trabajar con ellos, ha sido como otro máster de guion y he aprendido muchísimo.

¿Y en qué momento entra Sandra Romero como directora?
Vi Por donde pasa el silencio y me encantó. Es una película totalmente distinta a la serie, pero me gustaba mucho el hecho de que al final la comedia la poníamos Nacho y yo. Nosotros sabíamos cómo movernos muy cómodos ahí, pero queríamos que los actores estuvieran de verdad. Ella trabaja mucho para que los guiones suenen exactamente, mucho más naturales quizá de lo que estaban. Se trabajó todo desde cero con ella y ha sido súper guay, la verdad.
La serie mantiene un reto importante, este equilibrio entre el humor de carcajada y la risa congelada…
A mí ese tono de comedia británica me gusta mucho. He bebido mucho de esas fuentes, pero es raro intentar hacer algo demasiado pretencioso británico aquí. Nosotros queríamos intentar conservar un poco ese tono, pero que fuera natural y pensando que estamos en España. Entonces era complicado, pero… Ellas son muy buenas actrices y ha sido fácil. Sandra se empeñó mucho en ensayar, ensayar, ensayar, para que todo sonara natural, puliendo chistes. Y, además, teníamos una figura que no existía en la novela, que es la de la niña [Sofía Otero], que está presente, pero no es real, pero queríamos que pareciera que fuera real… Todo lo rodamos dos veces: con y sin ella para poder jugar luego en edición y no abusar de ese recurso.
¿Escribes el personaje de Bárbara para Anna Castillo?
La tenía clarísimo, yo quería que fuera ella y cuando le pasamos los guiones, le gustaron mucho y ella fue la que nos dio la idea de Macarena García para Elena, son súper amigas en la vida real y se nota un montón en la serie. Y Laura [Weissmahr] fue más inesperado, nos gustó que siendo el único personaje que está más o menos bien de la cabeza, pero también es muy dependiente, molaba que fuera tan alta, nos hacía gracia ese contraste.
Representan entre las tres una amistad sin filtros…
Me gustaba reflejar también cómo, dentro de los círculos de amistad, las mujeres no somos lo que se ha mostrado en otras series, no somos a veces ni las mejores amigas, ni las más feministas… Es lo que he vivido dentro de mi círculo y en general en mi vida…
¿La ves como una serie generacional?
No tanto porque creo que perdidos estamos a los 30, los 40, los 50 y más en el mundo en el que vivimos que tampoco tenemos nada muy claro. Y lo que me atraía era hablar de esos estados, de la salud mental sin ser paternalista o chapas. La gente que tiene problemas de salud mental también es insoportable, es egoísta…

¿Ya no es Bárbara tu alter ego? Ya no eres una guionista frustrada…
No se porque sí que hay veces que soy un poco Bárbara, pero yo creo que ahora sería un poco más Maca porque soy súper dependiente… Aunque al final me identifico con Bárbara por su trabajo, dónde está, todo el tema de su círculo… que a veces te alegras de que le pasen cosas malas a las demás porque tú estás jodida… Aunque sea la cosa más mediocre del mundo es que es así y creo que nos pasa a casi todos, es un sentimiento muy humano, pero realmente es horrible, claro.
Te fuiste abriendo un nombre en internet, sketches, podcasts y ahora, gracias a todo eso, has podido vender tu serie, que era el plan inicial.
Ha sido duro durante 10 años intentar vender algún proyecto y siempre recibir un no, es una industria muy cerrada. Realmente yo estudié guion y todo lo demás ha sido un poco inesperado. Venir de internet te pone una capa en este mundo como si fuera una categoría inferior, cuando a mí me hubiese encantado no tener que ponerme pelucas para mis sketches, pero yo no vi otra opción y si hubiese podido hacer una serie desde el principio, lo habría hecho. Pero también haber empezado en internet tiene su punto, me dio la posibilidad de hacer otras cosas.
