Con Stuart no consigue salvar el universo, la franquicia de The Big Bang Theory se expande por primera vez hacia la ciencia ficción más ambiciosa, con una historia repleta de realidades alternativas, universos paralelos y caos multiversal.
Durante años, Stuart Bloom fue el personaje que siempre parecía ir un paso por detrás de los demás. Sin dinero, con mala suerte en el amor, deprimido y constantemente al margen del grupo, el dueño de la tienda de cómics frecuentada por Sheldon, Leonard y el resto de protagonistas de The Big Bang Theory siempre ha encarnado la antítesis del héroe al que la vida le sonríe. Es un marginado. Es el único que consigue ser el perdedor incluso en una serie donde todos los demás también lo son. Es un personaje con el que resulta fácil identificarse, como dirían los estadounidenses. De hecho, con el tiempo se convirtió en uno de los rostros más queridos de la popular comedia.
Pero, ¿qué sucede cuando se le confía el destino del mundo al personaje que nunca nació para ser el héroe de la historia? Fracasa. O al menos eso sugiere el título de la nueva serie de HBO, Stuart no consigue salvar el universo. Este spin-off representa la cuarta entrega del universo de The Big Bang Theory, una franquicia de la que también han surgido la precuela El joven Sheldon y la secuela El primer matrimonio de George y Mandy.

Esta vez, sin embargo, la dirección es completamente diferente. Nada de comedias familiares ni relatos de iniciación: Stuart no consigue salvar el universo se adentra de lleno en la ciencia ficción con realidades alternativas, líneas temporales desordenadas y, para colmo, un Armagedón del multiverso desatado accidentalmente por el propio Stuart. La premisa es tan absurda como perfectamente coherente con la esencia friki que siempre ha caracterizado a la franquicia.
Todo comienza cuando Stuart destruye un dispositivo construido por Sheldon y Leonard, desencadenando una catástrofe que amenaza la existencia misma de la realidad. Para intentar solucionarlo deberá embarcarse en una misión junto a su novia Denise, el geólogo Bert y el incombustible Barry Kripke, uno de los personajes secundarios más recordados de The Big Bang Theory. En su viaje se cruzarán con versiones alternativas de personajes ya conocidos, abriendo la puerta al regreso de viejos rostros y a numerosos cameos que prometen hacer las delicias de los seguidores de la serie original.
Al frente del proyecto vuelven a situarse Chuck Lorre y Bill Prady, creadores de The Big Bang Theory, esta vez acompañados por Zak Penn, guionista con una amplia trayectoria tanto en películas de superhéroes como en aventuras de ciencia ficción como Ready Player One y Free Guy. Acostumbrado a convertir la vida de personajes corrientes en grandes historias de acción y fantasía, Penn aporta esa experiencia a un proyecto que supone un reto inédito para Lorre.

El propio creador ha reconocido que la serie es muy distinta a todo lo que había hecho hasta ahora. “Yo era de los que pensaba que trabajar en una gran producción era como dos personas sentadas en un sofá tomando café. Esto es muy diferente”, reconoce. Para el productor, este proyecto representa un auténtico salto creativo: “Me siento completamente fuera de mi elemento, pero es exactamente donde quería estar”.
Mientras que los anteriores spin-offs habían optado por explorar el lado más cotidiano de sus personajes, Stuart no consigue salvar el universo da un giro radical y los sitúa en escenarios que, hasta ahora, solo habían formado parte de sus interminables conversaciones. Después de todo, Sheldon, Leonard, Howard y Raj pasaron doce temporadas hablando de ciencia ficción. Ese género siempre fue una parte esencial de su universo, pero ahora se convierte por fin en el auténtico motor de la historia.
La serie plantea, además, una idea especialmente atractiva para los seguidores de la franquicia: ¿qué ocurre cuando quien debe salvar el mundo no es Superman, sino el friki que lo sabe absolutamente todo sobre Superman? Al fin y al cabo, Stuart pertenece a ese grupo de personajes capaces de debatir durante horas sobre las teorías del multiverso, explicar qué método de viaje en el tiempo resulta más plausible desde un punto de vista científico o recitar de memoria la composición química de la kriptonita. Quizá, después de todo, el universo no esté en tan malas manos.