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Brendan Fraser es Eisenhower en ‘Tiempo de victoria’, sobre el meteorólogo que pudo cambiar el la Segunda Guerra Mundial: “Necesitamos científicos dispuestos transmitir verdades incómodas”

Tiempo de victoria

Brendan Fraser se embarca en la dimensión humana del conflicto bélico interpretando a Eisenhower en Tiempo de victoria, de Anthony Maras, que narra cómo una previsión meteorológica 72 horas antes del Día D estuvo a punto de cambiar el destino de la Segunda Guerra Mundial.

Cuando Brendan Fraser se enfrentó al papel de Dwight D. Eisenhower se dio cuenta de que no sabía nada de una de las figuras más relevantes de EE UU. Esta paradoja es la que sostiene Tiempo de victoria, otro relato del Día D y el primero donde vemos al general y posterior presidente del país en su faceta más vulnerable, la de un hombre que duda de si dar luz verde o no a una operación que cambiaría el transcurso de la historia.

“No sabía que la invasión tuvo que retrasarse hasta encontrar una ventana de oportunidad por el mal tiempo, por ejemplo. Eisenhower era un líder que confiaba profundamente en los expertos que lo rodeaban y todo fue posible gracias al valor de uno de sus asesores, el capitán James Stagg (interpretado por Andrew Scott, *Fleabag, Desconocidos)”, nos cuenta el actor de La momia o La ballena vía Zoom. “Él llevó una noticia que probablemente los altos mandos no querían escuchar. Esta película habla de decirle la verdad al poder para que pueda tomar decisiones”.

En el personaje de Stagg, el jefe del servicio meteorológico británico que recibe el encargo de elaborar el pronóstico que determinaría el destino de la Segunda Guerra Mundial, recae el gran elemento de tensión de estos días decisivos, el enfrentamiento entre el conocimiento científico y el poder político. Para el director Anthony Maras la vigencia actual del tema no ha sido casual: “Esa fue precisamente la razón por la que quise hacer esta película. Creo que necesitamos vivir en un mundo donde exista el pensamiento racional. Necesitamos expertos y científicos dispuestos a decir lo que piensan y a transmitir verdades incómodas”.

“Voy a deciros lo que necesitáis saber, no lo que queréis oír”, dice el personaje de Andrew Scott a un grupo de altos cargos que solo querían escuchar certezas. En medio, un Eisenhower tan implicado y presionado por la toma de decisiones que escribió dos cartas, una para la ansiada victoria y otra para el posible fracaso de la operación. Brendan Fraser tuvo oportunidad de leer ambas durante el proceso de documentación de la película.

“En caso de éxito daba todo el mérito a los soldados, en caso de fracaso asumía personalmente toda la responsabilidad. Era el tipo de líder que respondía por sus decisiones y yo me he convertido en un gran admirador suyo”, reconoce el actor. “Toda esa información es un material extraordinario. Nos permite mostrar su lado más humano y nos lleva a esas conversaciones privadas que imaginamos que tuvieron lugar durante el fin de semana previo al Día D”.

Seis semanas antes, la Operación Tiger, un ensayo del desembarco en Slapton Sands, acabó con la muerte de 749 soldados estadounidenses por varios errores de comunicación. La tragedia permaneció oculta hasta los años 80 y esto nos ayuda a hacernos una idea del enorme peso con el que Eisenhower afrontó la decisión de lanzar la invasión. “Intenté imaginar la carga que soportaba al comienzo de la película”, recuerda Fraser, un actor que para Anthony Maras encarna a la perfección la otra cara del hombre que ganó la guerra y que acabaría siendo el presidente de EE UU. “Me interesaba descubrir qué pensaba realmente y cómo era cuando nadie lo observaba. Alguien aterrado por la posibilidad de enviar a una muerte segura a sus soldados. Sentía que Brendan posee una enorme humanidad y una gran vulnerabilidad, muy interesante para explorar esas cualidades en Eisenhower”, explica.

La gran complejidad de interpretar a una figura tan conocida y opaca a la vez reside en que era firme y seguro ante su equipo, pero profundamente atormentado por las dudas en privado. Fraser tenía que encarnar en pantalla algo que su propio personaje se esfuerza en ocultar constantemente: “Era así porque era un magnífico diplomático. El tipo de líder que pedía la opinión de los expertos y nunca fingía saber más que ellos. No eligió simplemente la opción más popular, aunque habría sido lo más fácil. Decidió confiar en James Stagg porque había mucho en juego”.

Las dinámicas entre el individuo y los sistemas de autoridad son una reflexión recurrente en el cine de Anthony Maras. Ya en su anterior filme, Hotel Bombay (2018), también basada en una historia real, el cineasta se interesaba por poner el foco en personas corrientes tomando decisiones extremas. “Me impresionaron especialmente las personas inmersas en un conflicto violento, pero que actuaban más como pájaros que como lobos. Se celebra otro tipo de heroísmo”, cuenta.

Para Fraser, de hecho, ese fue uno de los grandes descubrimientos de su personaje: “Eisenhower nunca disparó un arma en combate”.

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